domingo, 16 de marzo de 2025

El mundo loco de Tammy

Había una vez, en un rincón del universo donde la lógica se tomaba vacaciones todos los días, una chica llamada Tammy. No era una chica cualquiera, no señor. Tammy no era solo loca, era la definición misma de lo que significa "loco".
Como cuando te compras un helado de menta y, al llegar a casa, te das cuenta de que en realidad compraste un sombrero de plátano.
Eso era Tammy: un huracán de locura con un corazón gigante de algodón de azúcar.

Vivía en un mundo llamado Mundoloco, un lugar donde las leyes de la física estaban de vacaciones y la gravedad solo existía cuando le apetecía.
En este mundo, los árboles cantaban ópera, los relojes daban la hora pero en tono de rap, y los edificios caminaban en círculos, porque, claro, ¿por qué no?
Los gatos no solo eran gatos, eran filósofos experimentales que discutían sobre la moralidad del atún en conserva y organizaban competiciones de salto en paracaídas, porque... obvio.

Tammy, con su melena verde fosforescente (una coloración que se volvía más brillante cuando se emocionaba), tenía una pasión desmesurada por los gatos. No cualquier gato, sino los más raros, los más exóticos, los que hacían cosas raras.
Su gato principal, Calamarino, no solo era un gato, sino también un experto en paracaidismo. Y, por si fuera poco, hablaba en rimas y tenía una obsesión por las galletas de chocolate con relleno de menta.
Una vez, Tammy encontró a Calamarino haciendo yoga con un pato. No le preguntes cómo, no tiene sentido, pero en Mundoloco, todo lo tiene.

Un día, Tammy estaba caminando por la calle mientras cantaba una canción sobre cómo los calcetines desaparecen en la lavadora (según ella, era un tema muy subestimado) cuando vio algo increíble:
¡un gato en una bicicleta, haciendo trucos de circo! Era Don Pingüino, un gato con gafas de sol, sombrero de copa y una chaqueta de cuero que hacía malabares con piñas.

"¡Tammy, Tammy, ven a ver esto!" le gritó Don Pingüino mientras giraba a 360 grados en el aire y aterrizaba suavemente sobre una nube, porque por supuesto las nubes en Mundoloco no eran de agua, sino de algodón de azúcar, lo cual es ideal para aterrizar.

Tammy, que tenía un hambre insaciable por lo inesperado, decidió unirse al espectáculo. Se subió a una silla, gritó "¡Soy la reina del mundo!" y de repente, la silla decidió que era una buena idea convertirse en un dragón volador.

Sin perder la calma, Tammy comenzó a bailar flamenco mientras el dragón-silla volaba entre árboles que tocaban jazz con sus ramas.

"¡Esto está muy tranquilo!" Pensó Tammy mientras una morsa con gafas de sol comenzó a venderle boletos para un concierto de rock... en la luna. Y como era un mundo de locuras, decidió que ir a la luna no solo sería divertido, sino esencial para su bienestar emocional.
Así que se subió a una especie de cohete hecho de espaguetis y, por supuesto, lo pilotó ella misma, porque en Mundoloco todo el mundo tiene licencia de piloto, incluso si no tienes manos.

A medio camino hacia la luna, Tammy se encontró con el Sr. Pompón, un unicornio rosa que estaba lanzando confites de colores al espacio, creando una lluvia de caramelos que hizo que todos los astronautas cercanos comenzaran a cantar canciones de los años 80. Tammy, completamente fascinada, no pudo evitar unirse a ellos, mientras su gato Calamarino (que en ese momento estaba practicando malabares con globos) gritaba: 
"¡Más confites! ¡MENOS LÓGICA!"

Finalmente, cuando Tammy llegó a la luna (en su cohete de espaguetis, por supuesto), decidió organizar una fiesta con todos los gatos filosóficos, los árboles cantantes y las sillas dragón. La luna, que de repente se convirtió en un enorme bol de sopa de fideos (como debe ser), fue el lugar perfecto para un evento tan épico.
La fiesta estuvo llena de gatos con trajes de disco, plátanos que hacían breakdance y una vaca llamada Margarita que cantaba ópera. Los relojes, claro, no dejaban de hacer rap sobre el paso del tiempo, y Tammy se sentó a disfrutar con una copa de jugo de pepino (porque en Mundoloco el jugo de pepino es lo más chic que existe).

Y así fue cómo Tamy la Loca, en su aventura alucinante por un mundo lleno de cosas que no tenían ningún sentido, descubrió que lo más importante de todo era… bueno, realmente no se puede decir, porque en Mundoloco lo importante no es importante, pero si tuviera que decir algo, diría que... ¡los gatos tienen el poder absoluto!

Yuliana Peralta
2024

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