sábado, 6 de febrero de 2021

Una historia para contar. La ciudad del caos Capítulo 4

¡Hola a todos! En esta oportunidad, les traigo el capítulo 4 de "La ciudad del caos". Espero lo disfruten. La ciudad del caos Capítulo 4 Era una tarde de viernes, 2 semanas después de lo que había pasado con el chico que dijo que supuestamente nosotros habíamos denunciado a su hermano y su cuñada. Las tareas me tenían cansada, así que me puse a hacer otras cosas, hasta que de la nada, escucho golpes provenientes de la cocina. —¡Oh, qué susto! Dije. Pero entonces me doy cuenta que a mi tía se le cayó una olla, que siempre se le cae alguna. Magalí, que estaba menos asustada que yo, fue hasta la cocina a ayudarla, entonces decidí acompañarlas. —Chicas, desde hacía un tiempo estuve haciendo unos trámites para adoptar a Magalí, por lo que... si recuerdan que a sus padres se los llevaron presos, ahí está el tema. Y ya que estamos, le pedí a mi amiga Bianca, para que nos acompañe mañana a pasar el día a... —¿A? Preguntó Magalí. —Es una sorpresa, chicas. Respondió mi tía. Luego, yo me fui a bañar, a ver si se me iba el estado de incomodidad que me provocó tanta tarea. Mientras lo hacía, pensaba en mi amiga Paula ya que hacía poco estaba con unos problemas de salud, una gripe y dolores de cabeza. Cuando terminé de bañarme, me fui a hablar con mi tío mientras lo ayudaba con unos apuntes. Nos pusimos a hablar sobre el hijo de la mejor amiga de mi tía, que era medio tontolín de a ratos, pero que su meta era hacernos reír a todos. Recordamos un momento en el que estando todos nosotros en su casa (menos Magalí porque fue hace ya varios años) yo me estaba preparando para hacer un baile especial de la escuela. Entonces, el hijo de Bianca (que es la amiga de la que estoy hablando) me pidió que luego de bailar me sentara junto a su mamá y mi tía, ya que me dejaron un asiento preparado. Así fue y me senté. Pero un segundo luego de sentarme, escucho una explosión. Resulta que, el muy tontín, infló un globo (va por su adicción a hacerles bromas a los demás) y me pide que ponga el pie sobre algo cómodo. y entonces, ¡Pum! pafff! ambos globos revientan, y yo con un susto de ni imaginarse. Así que, cada vez que recuerdo ese momento, la risa me domina. Y a mi tío, por poco le dan ganas de gritar. Poco rato después, mi tía me llama para tomar mate. —¡Lore, ya está el mate! Así que voy, pero a las carcajadas. —¿qué te provoca tanta risa, amor? —Nada, tía. Es solo que mientras ayudaba al tío con unos apuntes, recordé el momento más gracioso que pasamos con Bianca, que fue cuando el tontín de marcos hizo que se me reventaran dos globos de cada lado a mis pies. —¡Aaahhh, sí! cómo no recordar ese momento... ¿Y cuando Bianca te dijo sobre la rana que vivía en un cuarto que no se usaba? jajajajajaja, qué momento. Y como solo tenías 7 años, te la creías toda. —Sí, tía. cada que me cuentan tú y el tío sobre ese suceso, me caigo de la risa. Al rato, golpean la puerta. ¡Toc... toc! —¿Quién es? Pregunto. —Soy Malena, una vecina. —Aaah, encantada. Soy Lorena. ¿Qué le trae por acá? —Nada, señorita. Solo vengo a avisarle algo a la señora Soledad. —Ah bueno, por acá anda, pase si quiere. Luego de abrirle la puerta, me fui a hablar con mi tío mientras la vecina hablaba con mi tía. —Lore, si hay algo con lo que no estoy de acuerdo, es que vayan a pasar el día con esa tal de Bianca. Dice mi tío. —¿Por qué? le pregunto. —Es que su hijo Marcos, que ya casi tiene tu edad, puede lastimarte no sé, o hacerte algo malo... es por lo que hablábamos hace un rato sobre los momentos que pasamos con ellos. Mi tío es muy de traumarse cuando se le habla de cosas de broma o de momentos graciosos que él no recordase bien. Así que si le hablabas de Bianca o de Marcos, para él era signo de que algo iba a pasar si nosotras nos juntáramos con ellos, como si ellos fueran los malos de la película. Pero de cuántas veces que fuimos a pasar el día con ellos, nunca ha pasado nada para preocuparse. —Bueno, tío. Que no estés de acuerdo con lo de juntarnos con Bianca, me da igual. Porque al final siempre vas a vivir traumado por algo que ya pasó, por algo que a nosotros nos da risa pero a vos te afecta... en fin, siempre vendrás con lo mismo. Al rato, cuando mi tía termina la charla con la mujer, fuimos a preparar la ropa porque al día siguiente, un buen paseo nos esperaba. Mientras Magalí se preparaba su ropa, fui con mi tía a contarle toda la historia de lo que decía mi tío. —No, mi amor. Deja a tu tío en paz, total, él sigue siendo amargado desde antes de conocer a Bianca y a su familia. Te cuento. Hace casi 15 años que la conocemos. A tu tío lo conozco desde que íbamos a la escuela, fuimos compañeros en todo momento. Equipos, banco, hasta recreo. Y si él me veía metida con alguien que causaba líos, inmediatamente mandaba a llamar a la maestra y todo terminaba con un castigo a la persona que armó semejante escándalo. —¿Y a Bianca, desde cuándo la conocen? le pregunté. —Ah, esto es otra historia. Resulta que tu tío y yo habíamos ido al cumpleaños de otra compañera (no de clases sino que del barrio) y allí estaba ella. Empezamos a charlar en aquel momento mientras yo ayudaba a la mamá de aquella vecina con algunas cosas, y entre charla y charla, nos dimos cuenta que nos caímos bien la una a la otra. Con el paso del tiempo, conservamos una hermosa amistad. Incluso, cuando ella tuvo a Marcos, estuve ahí para apoyarla y pasar buenos momentos en su compañía. —¡Ah, qué bella historia! ¿Y así como vos estuviste para ella, igual ella estuvo para vos cuando me trajiste a tu casa luego de ese terrible abandono? —Así es, mi amorcito. Y por eso es que quiero festejar todos estos años de amistad que llevamos con ella. Así que mañana, será un hermoso día. Al otro día, nos levantamos temprano. Mi tío se levantó, pero a las enojadas. —¿Que no entienden que no quiero que se junten con esa tal de Bianca? Ya se los dije hoy y no me cansaré de repetirlo, para mí, ella es un peligro. —Bueno, ¿es que no entiendes que nunca ha pasado nada desde que nos juntamos con ella? Así que deja de joder mejor. Le dijo mi tía. Nos subimos al auto y arrancamos un largo viaje. Yo iba comiendo algo ya que no había comido nada antes de salir de la casa. El auto no paraba de moverse, llegando a tal punto de darme ganas de pegarme otra dormidita. Pero fue entonces que, en un camino lleno de pozos, decidí no pegarme esa dormidita ya que al conocerme de memoria el lugar al que íbamos sabía que estaba cerca. Cuando llegamos al lugar, que por cierto era una zona algo alejada de la ciudad, allí estaba ella, junto a su hijo Marcos y su marido Kevin. Nos dijeron que al final del paseo tenían una sorpresa para nosotros. Primero comimos algo, luego disfrutamos un rato del sonido de los pajaritos, salimos a caminar un rato, hasta que al fin llegó aquel momento, cerca de la hora de volver a casa. Entonces, mi tía, que había llevado un refresco y una torta, sacó unas sillas y una mesa que habíamos llevado. Bianca sacó su celular y sacó algunas fotos del momento. —¡Y bueno mis amores, llegó el momento más esperado! dijo mi tía. —¿A ver, quién le pondrá la cola al gato? dije en tono de broma. —Jajajaja, no se trata de eso... es lo siguiente: dijo Bianca. Entonces, sacó un parlante que llevaba en su auto, el cual funcionaba a batería. Conectó el bluetooth de su teléfono y cuando me di cuenta, estaba sonando aquella canción que bailé alguna vez en la escuela. Mi tía me preguntó si me acordaba de ese baile y yo le dije que sí, así que le pedí a Bianca para bailar juntas, porque ella fue quien me ayudó a practicarlo. Pasamos un lindo momento, aunque ya que estaba mi tío, Marcos se limitó a hacer bromas. A la hora de volver a casa, nos dimos una carrera a ver quién tocaba primero la puerta del auto de mis tíos, y yo fui la primera en llegar. Magalí se divirtió montones, hasta me pidió que le enseñara ese baile.

No hay comentarios: