viernes, 19 de noviembre de 2021

Algo diferente. Poema, El Cielo De Estrellas. Escrito por mi.

El Cielo De Estrellas

Yuliana Peralta


    En el cielo brillará el sol con todo su esplendor, y no faltará un amor que te ilumine el corazón. 

Un amor que desata cadenas, que provoca alegría y no penas. 

Que derrite hielo, que te eleva al cielo, donde hay solo calor y no frío. 

Una mano que levanta de la arena a aquel soldado caído, con un corazón lleno de gozo y no vacío. 

Que la basura se junte sola y que el mar la arrastre con sus olas, que limpie la orilla de la playa, que se hunda lo malo en la arena de ella. 

En el cielo brillarán las estrellas, las luces más bellas, 

llegarán los rayos al tocar la tierra, y verás que tan soldado caído estás en la guerra.

Sonará una campana indicando una bella mañana, y el comienzo de un día lleno de alegría.

Aparecerá un bombón con un noble corazón, que con toda su luz provocará una explosión.

Esa explosión, te hará sentir emoción. Escucharás una linda melodía, una dulce canción.

Verás que a tu lado volarán mariposas. Una sensación que en verdad es hermosa. 

Y desde ese comienzo, surgirá ese momento, y a todo lo que se pudrió, que se lo arrastre el viento.

Vendrán tiempos mejores, de buenos amores. ¡Y verás que en el cielo de estrellas hay ricos sabores! 

jueves, 7 de octubre de 2021

Una historia para contar. La ciudad del caos, Capítulo 10

La ciudad del caos
Capítulo 10

Una mañana lluviosa de martes, con las gotas que caían una a una, como si fueran soldados apareciendo en fila por una calle de la ciudad, como si algo o alguien les llamara la atención y todos quisieran ir a verlo.
Magalí, como siempre, sentada pensando si iba a estudiar o no. La lluvia era torrencial, así que ni yo iba a pensar. Estaba totalmente segura de que no iría. Los profesores en esos días no pasaban lista. Y los de mi clase eran tan bobos, que llegaban y se sentaban a esperar que se abriera la puerta. No les gustaba dejar de esperar. se quedaban allí de diez a quince minutos esperando, como si fuera una paz interior lo que les decía: "Esperen tranquilos, ya  pronto les abrirán la puerta". Y llegaba a tal punto de que se hacían veinte, treinta, cuarenta minutos más, eternos como un mes aburrido.

—¿Lore? —preguntó de repente. —Mira, tengo algo para mostrarte.
—Es... ¿la espátula que estaba en la mesita de luz?... ya la vi. pero... ¿qué haces mostrándome eso?
—Es que... Estás... no sé, anoche, mientras dormías, escuché que hablabas algo raro.
—¿Algo raro? —le pregunté con algo de nervios. 
—Sí, eso. Decías cosas como... ¿Dónde está? La estoy buscando, la necesito. Luego te bajaste de la cama, te pusiste a dar vueltas, hasta que tropezaste con la mesita y la agarraste. Pegaste un gritito nomás y te acostaste en el piso. Tu tío te vio, se levantó y te tomó en sus brazos volviéndote a acostar en la cama  tapándote. Así fue la historia de "La chica sonámbula que nunca lo fue". La loca que dejó sorprendido al tío por un simple gritito que, si te soy sincera, sonó desgarrador. como si alguien te estuviera torturando o matando.
—Esto no me gusta nada... —le dije. 

El corazón me latía a mil. No me gustó el haber escuchado esa historia. y creo que si no me hubieran salvado, hasta ahora, por el simple hecho de un simple grito, creo que me habría dado un susto al estilo infarto.

Me vestí y salí del cuarto. Necesitaba despejarme, así que me preparé una taza de café y un pan tostado. 
Pero las cosas se pusieron más locas de lo que esperaba. Magalí se había acostado a dormir otro rato ya que la lluvia continuaba, pero ahora con granizos. Mis tíos aún no se habían levantado, estaban acostados viendo el informativo de la mañana.
Entonces, escucho ruidos en el cuarto. Primero el mueble, como si estuvieran buscando algo. Luego un grito. ¿Qué estaba pasando? Ahora era yo quien estaba asustada.
Fui a ver qué era lo que estaba pasando. 
Estaba en el  cuarto de mis tíos, ambos estaban abrazados, como si les hubiera asustado algo o alguien. 

—¿Es... la misma historia? —preguntó mi tía. 
—Sí, pero parece que esta vez se trata de Magalí. Algo raro les está pasando a las chicas. Podrá ser algo relacionado por el estrés que pasaron hace unos días con lo de las pruebas... o no sé. Es raro.
—No creo, amor. —dijo mi tía. —Seguro es que Magalí se quedó mirando historias de terror hasta tarde... Ah, no. Porque de ser así, a las dos les hubiera pasado al mismo tiempo. 

Pero las cosas se pusieron aún más raras cuando, en determinado momento, golpearon la puerta. Así que fui a abrir.

—¡Hola! Me llamo Lorena, mucho gusto. 
—Hola, me llamo Mauricio. soy el jefe de policía local. Vengo por estos lados porque junto a varios grupos de policías del país estamos entrevistando a familias por un caso muy... "¿extraño?" que ha estado ocurriendo en los últimos días. 
—OK. ¿Me espera un momento? Iré a buscar a mi tía o mi tío para avisarles de esto.
—Está bien, espero. Por cierto, me gusta cuando en algunas casas hay menores que atienden con tanta amabilidad a quien llega. Es algo tan hermoso...

Llamé a mi tía  y juntas salimos hacia donde él estaba. Los dejé hablar y fui a mi cuarto a revisar unas cosas. 
¿Cosas? Si solo era revisar mi teléfono y ver si hay una notificación importante. 

Revisé unos mensajes del grupo de la clase, que se vé que algunos fueron a pesar de ser un día de lluvia. Y luego respondí algunos mensajes de una de mis tías que vive en otra ciudad.
Entre otras cosas, me encontré una noticia. "Niños desaparecidos desde esta madrugada, uno de cinco años y otra niña  de tres". 
Esto estuvo bastante raro, ya que nunca se desaparecen, duermen toda la noche sin complicaciones. 

Fui a comentarles todo esto a mi tía y al policía (llevando, claro está, el teléfono en mano con la página abierta) y él me dijo: 
—Hmmm, mira nomás. Justo era el tema del que estamos hablando. Es algo raro, algo jamás visto.
—Así es —respondió mi tía. —Lo más raro es que fue en un barrio donde todo está bien controlado, casi no hay delincuencia y, además, el último robo o asesinato que hubo por allí antes de que se empezara a controlar todo y a poner cámaras de seguridad fue hace menos de 3 años. 

Sí, la mayoría de los barrios de esta ciudad son bastante movidos y siempre o casi siempre anda algún que otro chico con un arma con la intención de robarle a alguien y acabar con su vida. Pero ese barrio, llamado por quienes viven por allí como "Villa Tranquilidad" por la extraña paz que hay por allí desde hace poco, es el lugar soñado por muchos. Casas grandes y espaciosas, una plaza para ir y disfrutar en familia, el shoping y un colegio de primaria y secundaria, dos por uno.

Mauricio nos invitó a acompañarlo a investigar sobre todo este tema. 

Al llegar al barrio indicado y encontrar la casa donde se dice que ocurrieron los hechos, vimos a dos mujeres bastante preocupadas. Una era la madre de la niña y la otra era amiga de la primera. Habían pasado la noche juntos luego de que hicieran un paseo casi familiar y que la niña quisiera alejarse de ellos para ir a correr con otros niños. Pero como es demasiado pequeña... ya ni modo.

Les preguntamos cosas sobre los niños. El niño se llama Lucas y la niña Milena.
Ellos nunca se alejan tanto de casa. a donde van bastante seguido ellos solos, es a la casa de su abuela, que está en frente de la que viven. Como por allí no pasan muchos vehículos, no hay peligro. Aunque Lucas, con 5 años, sabe respetar el tener cuidado la calle y tal. 

Luego que nos contó todo eso de la calle, nos preocupamos. Todas las veces que vemos niños pequeños cruzando la calle, siempre van acompañados de algún mayor. Sus padres, si tienen hermanos mayores, tíos, etcétera. pero este caso es muy particular, algo que solo las familias raras suelen hacer. 

Comenzamos a buscarlos. En su cuarto no estaban, y mucho menos en el patio techado donde solían jugar los días de lluvia.
Le preguntamos a la abuela, quien tampoco los vio. Se asegura que como desaparecieron en horas de la madrugada, tipo 3 o 4, todos estarían durmiendo y nadie vio nada. 

domingo, 29 de agosto de 2021

Una historia para contar. La ciudad del caos, Capítulo 9

Era un fin de semana como cualquiera, sábado por la mañana. Había hecho ya todas mis tareas como cualquier estudiante responsable y estudioso. 

Salí a buscar unas cosas para el almuerzo y pasé por  la casa de mi amiga Rocío. 
No me lo esperaba: pila de cosas tiradas en el suelo de la entrada como si un perro hubiera pasado por allí, destrozando toda la basura a su paso. Pero no se trataba de un perro, sino de tres niños chicos que andaban jugando solos en la calle, así que me acerqué y les hablé. 

—¡Hola! Me llamo Lorena. Ustedes... ¿de dónde aparecieron? ¿Quienes son? 
—Soy Kevin. Tengo nueve años. Y ellas son mis hermanas Sofía y Melanie. Sofía tiene siete años y Melanie cinco. Un gusto. 
—¡Oh! Muy bien educado y amable como para tener nueve años. Parece que tuvieras... trece o catorce. Yo estoy por cumplir catorce —les dije. 
—Ah, qué bien. Bueno, nosotros vamos a volver a casa ahora. Sigue pasando una linda mañana, Lorena. —me dijo, mientras señalaba a las niñas para que guarden sus cosas antes de irse.

Al entrar a la casa, encontré a Pamela, la mamá de }Rocío. Estaba sentada en el sofá leyendo un periódico. 

—¡Hola! Disculpa la molestia, pero vine a dejar el... ta... 
—Ah, sí. Lo olvidaba. el tazón que me habías pedido hace una semana, aunque nunca entendí para qué lo necesitabas. —me dijo.
—Era para un proyecto.
—¿Un proyecto?
—Sí, una especie de experimento con tazones. Mi tía no podía prestarme uno de los suyos porque dice que... ha estado muy ocupada en una actividad que también se necesitaban varios de esos. Y ella cada día llevaba más. Un día dos, otro día tres, otro día cuatro... hasta que pasó la semana. Y para mí, era importante realizar el proyecto. 
—Qué serán esas actividades raras en las que se mete tu tía. Estará inventándose algo llamado... "La Tarrería", seguramente. 
—¿Tarrería? ¿Y eso?
—Hmm... Cosas de tazas, tazones... tarros en fin. 

Esa manera de decirlo de Pamela, me sonaba algo infantil, así que dejamos ese asunto de los tazones. Le pregunté sobre Rocío. Estaba en su cuarto, así que la fui a saludar. 

—La panda morada —dijo, sin mirarme ni señalarme. 
—¿Qué? —le pregunté. 
—Nada, estoy viendo algo de mi hermana. Sucede que... 
—Espera. ¿no vas a hablarme de la tarrería ni nada de eso, no? —era evidente que no lo iba a entender.
—¿what? Oh... no sé de qué va eso de la "Tarrería, pero no es nada de eso. Solo lee esto y dime. 
—La... panda morada —dije. 
—Sí, de eso se trata. Es que mi hermana está intentando hacer una especie de cuento con eso. Es para un concurso. La idea es que los cuentos lleven la palabra morado o morada en él. Aunque es algo estúpido y de gente tonta (a ella misma se lo dije) pero quiso participar en ese concurso, de todos modos. 
—ja, ja, ja. Gente raruna —le dije. 
—El otro día me hablabas de... Álvaro, o algo así era su nombre; y yo me iimaginaba crear una historia de amor llamada... Lore Lightwood y los cuarenta amores. Incluido él. 
—¿Lightwood? ¡Pero qué es eso! No estás inventando cosas... o estás obsesionada con ese libro de los Shadowhunters que te di el otro día, que ya me cambias hasta el apellido. Y los 40 amores, otra tontería, muy relacionada con... una historia de mi abuelo.
—Es que... yo... ¡Lore A... Al... bueno, no lo recuerdo ya. Ja, ja, ja. 
—Alvarado, supongo. Aunque... ni es A, ni empieza con A.  
—Bueno. Lore Hernández, supongo. 
—Al fin. Al fin lo recordaste. Bueno, espero que tengas un lindo día, debo ir a llevar unas cosas a casa. ¡Te quiero!

Salí de aquella casa, aturdida. Primero con lo de los tazones, el artilugio favorito de la señora. y ahora... un concurso de cuentos medio estúpido y una chica obsesionada con un libro. Tanto, que ya hasta le cambia el apellido a su mejor amiga. 

—Tía, he... regresado. Disculpa tanta demora. 
—Nada, amor. Recién me acabo de duchar. Creo que estaba durmiendo cuando te fuiste. y tu tío... no se despierta ni con el sonido de un rayo parece. Así que tranqui.
—Ah, bueno. Pero... tengo unas novedades medias raras para contarte.
—¿Novedades medias raras?
—Sí, así es. 

Le conté toda la historia. Lo de los niños, el papel a medio terminar del  cuento de la hermana de Rocío, lo de los tazones... 

—No. Mi amor, esas son cosas muy raras. A esos niños nunca los vi. y... ¿Qué clase de tazones decías? 

Me pareció que mi tía estaba perdiendo la memoria o algo por el estilo. Ni siquiera recordaba haberme dado un libro para regalarle a Rocío por su cumpleaños. aquel libro con el que quedó obsesionada e intentó cambiarme el apellido.

Llamé a un médico que era amigo suyo. Le conté todo eso y que ella ya no era capaz de recordar cosas como esas. 

—Buenas. Mira, Lore querida. Vas a tener que traerla cuando puedan, ya que esto es un tema algo serio. Tu tía se pudo haber caído, golpeado fuerte mientras se duchaba... 

Pero ella dijo que no se había caído ni nada por el estilo. O tal vez quiso ocultar lo de la caída para no dejar mal a nadie. Así que le dije unas cosas al doctor, corté la llamada y me fui a ayudar con unas cosas.

Cuando estaba lista la comida, recibí un mensaje. Era de Álvaro, el chico con el que estaba saliendo. 

"Hola, Lore: Siento lo de tu tía. me lo acaba de contar Magalí, me la encontré en una esquina. Iba a buscar unas cosas a la casa de mi primo y me la encontré, cerca de la tienda de ropa. 
Me contó que tu tía se dio un golpe en la ducha y está perdiendo la memoria. Espero que de las heridas se recupere, aunque dudo que vuelva a recuperar los recuerdos en algún momento. 
Saludos y corazoncitos."

De pronto, me desperté. Estaba en mi cama. Miré la hora en el reloj que tenía en una mesita, las 10 y 25 de la mañana. 
Preparé el desayuno y saludé a mis tíos y a Magalí. Cuando el desayuno estaba listo, serví una taza de café para cada uno de nosotros y unas tres tostadas para cada uno.
Luego les conté sobre el sueño raro que tuve. Magalí dijo: 
—No, vos no regalaste ese libro, si lo estás diciendo así. Parece que la que está obsesionada con ese libro sos vos. tanto, que soñás cosas raras... 

Nos echamos todos a reír. No sabía que un libro causaría tantas cosas raras. Desde pensar que se lo regalaste a una compañera a quien le encantó, hasta creer que ella te intentó cambiar el apellido más de una vez. 

Y lo de los tazones... nada mejor que un baldazo de agua fría a quien inventó eso. 


Historia loca, la ciudad del caos

Este capítulo está dedicado a personas locas, entre las cuales me incluyo.