domingo, 16 de marzo de 2025

El mundo loco de Tammy

Había una vez, en un rincón del universo donde la lógica se tomaba vacaciones todos los días, una chica llamada Tammy. No era una chica cualquiera, no señor. Tammy no era solo loca, era la definición misma de lo que significa "loco".
Como cuando te compras un helado de menta y, al llegar a casa, te das cuenta de que en realidad compraste un sombrero de plátano.
Eso era Tammy: un huracán de locura con un corazón gigante de algodón de azúcar.

Vivía en un mundo llamado Mundoloco, un lugar donde las leyes de la física estaban de vacaciones y la gravedad solo existía cuando le apetecía.
En este mundo, los árboles cantaban ópera, los relojes daban la hora pero en tono de rap, y los edificios caminaban en círculos, porque, claro, ¿por qué no?
Los gatos no solo eran gatos, eran filósofos experimentales que discutían sobre la moralidad del atún en conserva y organizaban competiciones de salto en paracaídas, porque... obvio.

Tammy, con su melena verde fosforescente (una coloración que se volvía más brillante cuando se emocionaba), tenía una pasión desmesurada por los gatos. No cualquier gato, sino los más raros, los más exóticos, los que hacían cosas raras.
Su gato principal, Calamarino, no solo era un gato, sino también un experto en paracaidismo. Y, por si fuera poco, hablaba en rimas y tenía una obsesión por las galletas de chocolate con relleno de menta.
Una vez, Tammy encontró a Calamarino haciendo yoga con un pato. No le preguntes cómo, no tiene sentido, pero en Mundoloco, todo lo tiene.

Un día, Tammy estaba caminando por la calle mientras cantaba una canción sobre cómo los calcetines desaparecen en la lavadora (según ella, era un tema muy subestimado) cuando vio algo increíble:
¡un gato en una bicicleta, haciendo trucos de circo! Era Don Pingüino, un gato con gafas de sol, sombrero de copa y una chaqueta de cuero que hacía malabares con piñas.

"¡Tammy, Tammy, ven a ver esto!" le gritó Don Pingüino mientras giraba a 360 grados en el aire y aterrizaba suavemente sobre una nube, porque por supuesto las nubes en Mundoloco no eran de agua, sino de algodón de azúcar, lo cual es ideal para aterrizar.

Tammy, que tenía un hambre insaciable por lo inesperado, decidió unirse al espectáculo. Se subió a una silla, gritó "¡Soy la reina del mundo!" y de repente, la silla decidió que era una buena idea convertirse en un dragón volador.

Sin perder la calma, Tammy comenzó a bailar flamenco mientras el dragón-silla volaba entre árboles que tocaban jazz con sus ramas.

"¡Esto está muy tranquilo!" Pensó Tammy mientras una morsa con gafas de sol comenzó a venderle boletos para un concierto de rock... en la luna. Y como era un mundo de locuras, decidió que ir a la luna no solo sería divertido, sino esencial para su bienestar emocional.
Así que se subió a una especie de cohete hecho de espaguetis y, por supuesto, lo pilotó ella misma, porque en Mundoloco todo el mundo tiene licencia de piloto, incluso si no tienes manos.

A medio camino hacia la luna, Tammy se encontró con el Sr. Pompón, un unicornio rosa que estaba lanzando confites de colores al espacio, creando una lluvia de caramelos que hizo que todos los astronautas cercanos comenzaran a cantar canciones de los años 80. Tammy, completamente fascinada, no pudo evitar unirse a ellos, mientras su gato Calamarino (que en ese momento estaba practicando malabares con globos) gritaba: 
"¡Más confites! ¡MENOS LÓGICA!"

Finalmente, cuando Tammy llegó a la luna (en su cohete de espaguetis, por supuesto), decidió organizar una fiesta con todos los gatos filosóficos, los árboles cantantes y las sillas dragón. La luna, que de repente se convirtió en un enorme bol de sopa de fideos (como debe ser), fue el lugar perfecto para un evento tan épico.
La fiesta estuvo llena de gatos con trajes de disco, plátanos que hacían breakdance y una vaca llamada Margarita que cantaba ópera. Los relojes, claro, no dejaban de hacer rap sobre el paso del tiempo, y Tammy se sentó a disfrutar con una copa de jugo de pepino (porque en Mundoloco el jugo de pepino es lo más chic que existe).

Y así fue cómo Tamy la Loca, en su aventura alucinante por un mundo lleno de cosas que no tenían ningún sentido, descubrió que lo más importante de todo era… bueno, realmente no se puede decir, porque en Mundoloco lo importante no es importante, pero si tuviera que decir algo, diría que... ¡los gatos tienen el poder absoluto!

Yuliana Peralta
2024

domingo, 6 de marzo de 2022

Una historia para contar. La ciudad del caos, capítulo 12

La ciudad del caos

Capítulo 12


Esa noche, para mí, iba a ser, como dice una canción, una noche de paz, una noche en la que podía olvidarme del trauma que viví ese día, desde la búsqueda de los niños, hasta el rescate de Magalí. Pensaba que esto terminaría, pero no. 


Tuve un sueño en el que, ya no me vi como Lorena, sino como Magalí. En el sueño, vi a un hombre que me apuntaba con la pistola en mi cabeza diciéndome, "¡ahora sí que te mueres, te mueres!"

aún no era el día siguiente, sino media noche. 

Me levanté asustada por ese sueño. Pensamientos de tormento pasaron por mi mente. Ya no podía soportarlo más. 

Bajé al baño, hice lo que tenía que hacer, subí de nuevo a mi cuarto para, al menos, intentar dormir de nuevo, pero el miedo me invadía. 

"¡Ya no puedo más!" me dije, por lo que fui a cada una de las habitaciones a levantar a mis tíos y a Magalí, para reunirlos en la sala. 


—Lore, —me preguntó mi tío. —¿Por qué no puedes dormir?

—¿te acuerdas que te dije que mañana te iba a responder la pregunta que me hiciste del por qué arriesgué mi vida ayudando a la policía? —respondí. —Pues bien, ya no pude soportar más tiempo. 

Pero antes, le conté el sueño que acababa de tener. 

—¿Pero qué tiene que ver el sueño con lo que me vas a responder? —me pregunta mi tío. 

—No sé si te enteraste, —contesté. —Pero, —y le conté sobre la noticia de los dos presos que habían escapado, que estos eran nada más y nada menos que los que hasta ese momento se hacían decir llamar los padres de Magalí y cómo es que ayudé a la policía en la búsqueda. 

Mientras aún estábamos hablando, se escuchan golpes desde la puerta de la casa, así que corrí a abrir. 

Cuando la abrí, vi a unos oficiales. 

—Buenas noches. Venimos por Magalí. dijo uno de ellos. 

—¡Pero ella no hizo nada como para detenerla! —dije. 

—Solo la buscamos para que declare, para que cumpla la función de testigo. —Dijo. 

—Ella no será la única que declarará. Contesté. Yo también la acompañaré. 

—Nosotros también, agregaron mis tíos. 


Así que todos, en plena media noche, fuimos a la delegación.


Ya en el cuarto de interrogatorio, el agente del ministerio público me preguntó. 

—¿Conoces a estos sujetos, a los que ayudaste a la policía para que los capturen? 

—Sí, contesté. Es ahí cuando recuerdo que ellos ya una vez habían sido detenidos por robar comida a nuestros vecinos. 

Todos esos recuerdos de ellos se los transmití al oficial. Al final añadí. Pero Magalí, ni enterada, aunque sabía que ellos algún día iban a recibir su castigo. 

aún no terminaba de hablar, cuando alguien se presenta de forma imprevista. 

—¿Pero quién es? preguntó el agente del ministerio público. 

—Soy un oficial de la policía nacional, y vengo a declarar sobre el caso Magalí. Respondió. 

—Adelante, declare. Dijo el agente del MP. El oficial lo miró y dijo. 

—Vengo siguiendo los pasos malos de esta pareja desde hace 8 años. No actuaban solos. Tenían una organización criminal dedicada al secuestro de niños y adolescentes, a su reclutamiento en el mundo del ampa y al sicariato. Esta pareja malvada, al ver que su organización poco a poco iba cayendo gracias a nosotros, decidió cometer otro delito más, robo. Esta niña había sido secuestrada de sus verdaderos padres. aún no se sabe nada de ellos.


Es ahí cuando se me ocurre sacar mi celular y mostrar la noticia que aquella vez había visto. El agente al ver esto dice. 

—¿Aldana? de lo poco que sabemos, es la hermana gemela de Magalí. Ella también fue secuestrada por la pareja. Como ellas, muchos niños, niñas y adolescentes, como ya dije, fueron secuestrados por estos 2 malhechores. 

—¿Pero, qué tenían contra los padres de los secuestrados? pregunta el agente del MP. 

—Todo fue por envidia, responde el agente de la policía. Vieron que vivían cómodamente y quisieron vengarse.

Cuando les tocaba declarar a mis tíos, ellos solo dijeron que no sabían casi nada más que la captura de los supuestos padres de Magalí.

Justo en el momento en el que declararía Magalí, se puso a llorar y con todo el dolor de su corazón dijo: 

—¡ellos me pegaban si hacía mal algo! pero no solo eso, ¡me pegaban en todo momento!


—Con todas estas declaraciones, dijo el agente del ministerio público, hay pruebas suficientes para iniciar un proceso en contra de Juan Pablo Martínez y su esposa por los cargos que se les imputan.


Con esto, al menos, íbamos a estar más tranquilos, y así fue que pude, o mejor dicho, pudimos ya lograr dormir hasta el día siguiente.


A la mañana siguiente, siendo ya sábado, nos levantamos aunque un poco más tarde de lo habitual, preparamos y tomamos el desayuno y, al terminar, nos pusimos a platicar sobre lo de ayer, y qué podíamos hacer con Magalí. 

Después de debatirlo mucho, decidimos que buscaríamos a sus verdaderos padres, para que ella ya no esté más triste. Nuestra esperanza era encontrarlos, pero vivos. Y si aún así los encontrábamos muertos, al menos, los vería por un momento y les daría el último adiós. Pero, de nuevo tendríamos que solicitar apoyo de la policía nacional, dije. Es más. Otra vez tendré que vivir otro trauma para arriesgar mi vida. 

—Lore, interrumpió mi tío. —Los peligros se enfrentan en familia. ¡Si tú pudiste, nosotros también!

—De acuerdo, dije con un poco de miedo, pero empecé a pensar en la tristeza de Magalí, lo que me dio valor para iniciar la búsqueda junto a mis tíos.


Fuimos averiguando lugares, incluso una vecina nos dijo que ellos habían trabajado en una tienda de ropa llamada "Lo de Laura". Preguntamos dónde quedaba esa tienda de ropa y además preguntamos cómo se llamaba la mujer a la que buscábamos, ya que sabíamos sobre su esposo, pero ella hizo más que escaparse, y no dio ni la cara, ni su identidad.

—Dice llamarse Aitana. Pero no sabemos si en realidad es su verdadero nombre o está inventándose una trampa para lograr, de alguna u otra manera, escapar de la policía. Dijo la vecina, quien varias veces trató de denunciarlos por discutir con su hijo discapacitado hasta casi matarlo. Pero, ese trato de denunciarlo, no fue aplicado, ya que ella siempre les robaba el celular, no tenían teléfono fijo. 

Eran una familia de empresarios, el esposo fue heredero de una empresa de ingeniería fundada por el padre de este, lo cual le daba una buena fortuna. Y ella, fundadora de una empresa con especialidad en ropas y perfumes femeninos. Así que sus riquezas no les daban problemas para poder comprarse un celular por cada intento de denuncia, pero era más que eso. Su hijo tenía una discapacidad motriz. Ellos debían pagar a un asistente personal, la ida al colegio privado, idas a fisioterapia y los bienes de toda la familia. entre estos, ropa, alimentos, etc. Y en fin, les dio pena dejar el intento, pero no querían perderlo todo por denunciar a unos vecinos ladrones, drogadictos según ella, y además secuestradores y mentirosos.


Luego de saber sobre toda esta historia, nos pusimos a buscar la tienda "Lo de Laura" dónde  se ubicaba. 

La encontramos, pero al llegar, vimos un cartel que decía: "Cerrado hasta el 15 de octubre".


—Eh, ¿hasta el 15, 15, 15... de octubre? —Dije extrañada. —Recién hoy es 28 de setiembre, pero que la tienda esté cerrada hasta el 15 de octubre, esto es una tontería. Dijo mi tía.

—¡Lo es! ¡y encima que lleva 2 meses cerrada! Dijo Izzy, una amiga mía que venía pasando de imprevisto, metiendo ojo, oreja, nariz y boca en el asunto.

—¡Pero Izzy! —Dije asustada. —Me sorprende que andes por acá, loca. 

—Aj, sucede que... 

—Ne, —Le interrumpí antes que dijera algo. —no me vayas a decir que más niños desaparecidos...

—No, Lore. El caso es que... Laura es... dijo Izzy con algo de nervios. 

—¿Es? Preguntó mi tía.

—¡Es la directora del liceo! Gritó.

—Ah, ¿estás segura?

—Sí. Hace unos días asumió al cargo por renuncia de Silvia, la directora anterior.


Luego, con Isabel (o Izzy como le digo yo) acordamos para ver si podíamos hablar con ella el lunes en hora de recreo, interrogarla a ver si sabía algo sobre toda esta enredadera de cosas.


Y así fue. Dos días después de haber hablado con mis tíos para descansar y seguir el lunes, fuimos en el bus al liceo. 

Izzy estaba más concentrada en todo este asunto que en las clases. Y yo durante un buen rato tratando de ubicarla. 

Hasta que en un momento, la profesora de matemáticas descubrió todas las cosas, ya que de alguna forma, algunos de mis compañeros de curso, y sin que yo lo supiera, estuvieron involucrados en el asunto, a escondidas tratando de ayudar. Varios de ellos le contaron a la profesora lo sucedido. Ella le preguntó a Izzy. Le dijo que sabía lo de la tienda de Laura, cuya tienda estaba cerrada y que llevaba más de un mes así. Era uno de los hijos de la dueña de la tienda quien cambiaba los carteles, pero nunca se les ocurrió en vez de poner, "Cerrado hasta el 15 de octubre", poner: "Cerrado definitivamente por falta de recursos", o por cambio de trabajo... algo por el estilo.


Nos permitió que fuéramos a hablar con ella a la dirección durante el recreo a ver qué nos podría decir o aclarar.


Al llegar el momento exacto, fuimos y allí estaba ella. Vestida con uniforme, llevaba unos zapatos negros con tacos algo altos y una cara de bienvenida cuando nos recibió.


—¡Hola, chicas! ¿En qué las puedo ayudar?

—Directora, esto es un tema bastante serio y requerimos de su ayuda. —Dijo Isabel.


Yo pasé a contarles la historia, de la que mi compañera no sabía mucho, y luego, la directora nos contó la historia de cuando los secuestradores a los que buscamos, trabajaban en su local.


—Era un 10 de julio hará unos dos años. Se me presentó una pareja que buscaba trabajo, para ese entonces yo trabajaba en un local de venta de ropa y otros artículos. Sus nombres, Juan Pablo Martínez y Aitana Costa. Para ese entonces con una niña de 6 años llamada Magalí y su gemela, Aldana. Ambos aseguraban que ellas eran sus hijas, estaban pasando por una situación bastante fea en cuanto a lo económico. La mamá de Juan Pablo estaba muy enferma y quería hacer todo lo que fuera para poder ayudarla ya que su hermano, quien no hacía nada, era un drogadicto y siempre andaba metido en algunos (o varios) negocios extraños con gente rica.

Cuando los contraté, iba todo bien. Pero, luego de unos meses, comenzaron a suceder cosas extrañas.

Cierto día dijeron que iban a llevar a las niñas al trabajo ya que no tenían con quién dejarlas. Pero estando ellas, se armó el caos. 

Fue raro, ya que ambas decían "Extrañamos a mamá y a papá", siendo que ellos estaban ahí cerca, aunque estaban trabajando.

A la noche, cuando yo me disponía a limpiar el lugar para luego cerrar (y esto sucedía ya desde antes que llevaran a las niñas) me encontraba con cosas faltantes. Faltaban camisas, bolsas, abrigos, bufandas, varias cosas que habían ordenadas en una estantería.

Y lo que pasó luego fue que mi hija mayor, Josefina de 19 años para ese entonces, fue hasta su casa a entregarles un dinero, y allí nomás fue que descubrió que los objetos faltantes en mi tienda estaban en varios cajones desordenados en la casa.

Así que los despedí. Luego me enteré que Leila, mi vecina, sabía un montón de cosas sobre ellos que no sabíamos. Por ejemplo que las niñas en realidad no eran suyas, sino que en realidad habían sido secuestradas por ellos. 

Siempre habían deseado tener un hijo, pero por unos problemas de salud no se pudo. Según ellos fueron adoptadas. Pero mi vecina sabía toda la verdad, ¡ya que ella es hermana de su verdadera madre!


Nos quedamos atónitos al escuchar este testimonio, así que le pedimos a la directora que denuncie, pues entre más denuncias, la pareja pasaría más tiempo en prisión, y que Leila declare, que sea testigo.

Se hicieron las clases normales. A la hora de salida fuimos a la delegación para que la directora denuncie. En el camino, nos encontramos con otra agente de la policía nacional, quien nos saludó y nos dijo. Buenas tardes. Mi nombre es Carlota. Pero antes de que pudiese seguir hablando, vimos a unos metros una escena macabra. Unos hombres estaban al lado de Leila. Ellos la intentaban ahorcar.

Entonces uno de ellos volteó a mirarnos. En cuanto nos vio, le hizo una seña a otro compañero, a quien llamó "jefe", y acto seguido a los otros que lo acompañaban, que andaban de espectadores viendo a ver qué otra víctima se acercaba, a ver si como no podían solo con Leila, podrían entre todos con las demás.

Pero no. Dejaron de mirarnos y siguieron tratando. Siguieron tratando de ahorcarla, cuando de repente, la oficial que estaba con nosotros, la que aún no acababa de presentarse, levanta la mano. Y como por arte de magia, aparecen como 20 agentes más en el lugar.  Uno de ellos grita: 


—Policía, ¡al suelo!

Se oye un disparo. Mientras todo eso sucedía, nosotros alejamos a Leila para que no le suceda nada.


Más pronto que tarde, los agentes se llevan a los hombres.

Estando todo un poco más tranquilo, llegó el momento de declarar para Leila. 


—Yo conozco a esa familia desde hace ya varios años. El supuesto padre, antes de dedicarse a lo que hace ahora, trabajaba como repartidor de productos en una fábrica. 

Pero llegó un tiempo en que dicha fábrica se fundió... Ni dos años duró el empleo. Cierto día, lo escuché hablar con una amiga mía que a su vez era amiga de la mujer, y le dijo: "Mira, estaba trabajando de repartidor en una fábrica. Pero al año y 10 meses, la empresa se fundió y bueno, varios quedamos sin empleo. Lo que no entiendo es el porqué; siempre que ingreso a algún empleo, se funde. y entonces, he tomado una irreversible decisión. No trabajaré de más nada. Nos buscaremos una mejor forma de vivir sin trabajar. No importa, aunque sea robar... cualquier cosa que hagamos me da igual". Y sí, de ese modo empezaron los problemas. 

Cuentas sin pagarse, el alquiler de la casa, la comida... todo eso en fin. pero en un momento, la madre de Juan Pablo se enfermó de gravedad y fue él quien debía encargarse de su cuidado ya que, el hermano de este, andaba metido en otras vueltas. Con drogas, asesinato, robos, acoso y un montón de cosas que no voy a nombrar. 

La mujer, Aitana, no trabajaba. No había completado el siclo básico de secundaria y para ser así, se le complicaba la búsqueda de empleo. porque en varios, por no decir todos los oficios, es obligatorio tener completado al menos siclo básico. 

En una de sus búsquedas, tuvo suerte. Consiguió trabajar como secretaria en un local de ventas de ropa, cuya propiedad pertenecía a la directora del colegio número 25 de la ciudad. 

—¡Ahí estudio yo! —dije. 

—Exactamente, pero sigamos. La cosa fue que un día, ella no tenía  con quien dejar a las niñas y decidió llevarlas al trabajo. Fue mala idea, porque tenían 6 años en ese entonces y no tenían la suficiente paciencia que un chico de 15 años yendo con sus padres a su trabajo y buscando formas de matar el aburrimiento. A ellas hacer la misma actividad (jugar con las muñecas que se llevaban) les aburrían. y lo que pretendían hacer que realmente mataba el aburrimiento, era: Correr, saltar, gritar, desordenar todo el local. 

A la noche, momento en que cerraban y limpiaban, se encontraron con cosas faltantes en varios estantes, algunas bolsas, cajas, envases... Y sí, estaban en zonas bastante inseguras; zonas que hasta un niño lograba alcanzar y llevarse lo que encuentre. 


Luego de la declaración de Leila, la policía encontró otros antecedentes de esta pareja. 

En su historial no decía que el padre vendía productos en una fábrica, ni que los repartía. Era una trampa que les juró a su vecina y a otros de los suyos para no caer. Él formaba parte de la empresa de venta de drogas que integraba su hermano. Era el cofundador. 


Pero abía más. Esta, ya no empresa, sino organización criminal, no solo se dedicaba al narcotráfico, sino también al secuestro de menores de edad(niños y adolescentes). La policía fue a allanar el colejio como parte de las inbestigaciones y encontraron escritos ocultos, en los que los secuestradores amenazaban a los padres con pagar el rescate de sus hijos. Entre más evidencias encontraban, más tranquilos estábamos. Varios habitantes de la ciudad no pudieron aguantarlo por más tiempo, y fueron a denunciar a esta organización, pues la mayoría de las familias havía perdido a un hijo por secuestro.

Unos días después, cuando ya era sávado, mi madre, como siempre, me encargó que no le abra la puerta a nadie. Mi tío estaba durmiendo en su avitación. Ella se fue al mercado con mi tía, y yo me quedé con mi tío dormilón y con Magalí. Estábamos tranquilos, cuando desde a fuera se escucha una voz de mujer. 

—Abran la puerta, ¡o la rompo! 

No sabía qué hacer, pero me dije a mí misma. Esto lo hago por Magalí, ¡por mi familia! ¡Me arriesgaré! así que corrí a abrir la puerta. 


—¡Ajá! ¿así que tu y leila fueron las chismosas que le contaron todo lo de nosotros a Carlota? Me quedé pensando en lo que me dijo la mujer. Pero, ¿QUé tiene que ver la agente que nos ayudó en el caso? me dije. 

—No, le respondí a la mujer con miedo. 

—¡No te hagas! me dijo ella. Ahora, si no quieres morir, me vas a tener que pagar el 50% de lo que tu familia gana. 


Pero mientras estaba haciendo ese trato con migo, escuché un disparo. 


¡Pum! 

Ambas nos asustamos. Es ahí cuando vi a la oficial que nos havía ayudado esa tarde. La mujer que hablaba antes con migo se acercó a ella. 

—Si crees que eres valiente, enfréntate con migo a plomazos. 


Aquella mujer, ¡era aitana! Sin embargo, la reconocí tarde. 

De inmediato, ambas llevaron su discusión fuera de mi casa. Yo me quedé asustada, pero luego agarré valor, cerré la puerta de la casa y suví a ver cómo estaban mi tío y Magalí, pues ella al escuchar a aquella mujer tratando de entrar se suvió con mi tío. Me quedé pensando en lo que havía pasado. 

Será mejor no decirle nada de esto a mi madre, ni a mi tío, pensé. En la tarde, se escucha la siguiente noticia en los medios de comunicación de la ciudad. Agente femenina de la policía deja varios heridos en pleno operativo. La oficial cuyo nombre reservaremos por seguridad intervino no solo a la mujer que andaban buscando(según sus declaraciones), sino también a los que quedaban por capturar de la organización criminal a la que imbestigan por los secuestros de los adolescentes y narcotráfico. Cuando pasaron las imágenes, me quedé estupefacta. ¡Quien havía salido en las noticias era la mismísima oficial que nos havía ayudado en aquella ocasión!

Al día siguiente, nos llamaron a declarar. Pero, quien también nos acompaññó fue aquella valerosa oficial, quien frente al juez dijo. Quiero declarar sobre el caso. El juez le da el permiso. Ella justificó que lo que havía echo aquella tarde fue en defensa propia. Luego de permanecer allí por horas, el juez declaró su inocencia.

La ciudad del caos

Capítulo 12


Esa noche, para mí, iba a ser, como dice una canción, una noche de paz, una noche en la que podía olvidarme del trauma que viví ese día, desde la búsqueda de los niños, hasta el rescate de Magalí. Pensaba que esto terminaría, pero no. 


Tuve un sueño en el que, ya no me vi como Lorena, sino como Magalí. En el sueño, vi a un hombre que me apuntaba con la pistola en mi cabeza diciéndome, "¡ahora sí que te mueres, te mueres!"

aún no era el día siguiente, sino media noche. 

Me levanté asustada por ese sueño. Pensamientos de tormento pasaron por mi mente. Ya no podía soportarlo más. 

Bajé al baño, hice lo que tenía que hacer, subí de nuevo a mi cuarto para, al menos, intentar dormir de nuevo, pero el miedo me invadía. 

"¡Ya no puedo más!" me dije, por lo que fui a cada una de las habitaciones a levantar a mis tíos y a Magalí, para reunirlos en la sala. 


—Lore, —me preguntó mi tío. —¿Por qué no puedes dormir?

—¿te acuerdas que te dije que mañana te iba a responder la pregunta que me hiciste del por qué arriesgué mi vida ayudando a la policía? —respondí. —Pues bien, ya no pude soportar más tiempo. 

Pero antes, le conté el sueño que acababa de tener. 

—¿Pero qué tiene que ver el sueño con lo que me vas a responder? —me pregunta mi tío. 

—No sé si te enteraste, —contesté. —Pero, —y le conté sobre la noticia de los dos presos que habían escapado, que estos eran nada más y nada menos que los que hasta ese momento se hacían decir llamar los padres de Magalí y cómo es que ayudé a la policía en la búsqueda. 

Mientras aún estábamos hablando, se escuchan golpes desde la puerta de la casa, así que corrí a abrir. 

Cuando la abrí, vi a unos oficiales. 

—Buenas noches. Venimos por Magalí. dijo uno de ellos. 

—¡Pero ella no hizo nada como para detenerla! —dije. 

—Solo la buscamos para que declare, para que cumpla la función de testigo. —Dijo. 

—Ella no será la única que declarará. Contesté. Yo también la acompañaré. 

—Nosotros también, agregaron mis tíos. 


Así que todos, en plena media noche, fuimos a la delegación.


Ya en el cuarto de interrogatorio, el agente del ministerio público me preguntó. 

—¿Conoces a estos sujetos, a los que ayudaste a la policía para que los capturen? 

—Sí, contesté. Es ahí cuando recuerdo que ellos ya una vez habían sido detenidos por robar comida a nuestros vecinos. 

Todos esos recuerdos de ellos se los transmití al oficial. Al final añadí. Pero Magalí, ni enterada, aunque sabía que ellos algún día iban a recibir su castigo. 

aún no terminaba de hablar, cuando alguien se presenta de forma imprevista. 

—¿Pero quién es? preguntó el agente del ministerio público. 

—Soy un oficial de la policía nacional, y vengo a declarar sobre el caso Magalí. Respondió. 

—Adelante, declare. Dijo el agente del MP. El oficial lo miró y dijo. 

—Vengo siguiendo los pasos malos de esta pareja desde hace 8 años. No actuaban solos. Tenían una organización criminal dedicada al secuestro de niños y adolescentes, a su reclutamiento en el mundo del ampa y al sicariato. Esta pareja malvada, al ver que su organización poco a poco iba cayendo gracias a nosotros, decidió cometer otro delito más, robo. Esta niña había sido secuestrada de sus verdaderos padres. aún no se sabe nada de ellos.


Es ahí cuando se me ocurre sacar mi celular y mostrar la noticia que aquella vez había visto. El agente al ver esto dice. 

—¿Aldana? de lo poco que sabemos, es la hermana gemela de Magalí. Ella también fue secuestrada por la pareja. Como ellas, muchos niños, niñas y adolescentes, como ya dije, fueron secuestrados por estos 2 malhechores. 

—¿Pero, qué tenían contra los padres de los secuestrados? pregunta el agente del MP. 

—Todo fue por envidia, responde el agente de la policía. Vieron que vivían cómodamente y quisieron vengarse.

Cuando les tocaba declarar a mis tíos, ellos solo dijeron que no sabían casi nada más que la captura de los supuestos padres de Magalí.

Justo en el momento en el que declararía Magalí, se puso a llorar y con todo el dolor de su corazón dijo: 

—¡ellos me pegaban si hacía mal algo! pero no solo eso, ¡me pegaban en todo momento!


—Con todas estas declaraciones, dijo el agente del ministerio público, hay pruebas suficientes para iniciar un proceso en contra de Juan Pablo Martínez y su esposa por los cargos que se les imputan.


Con esto, al menos, íbamos a estar más tranquilos, y así fue que pude, o mejor dicho, pudimos ya lograr dormir hasta el día siguiente.


A la mañana siguiente, siendo ya sábado, nos levantamos aunque un poco más tarde de lo habitual, preparamos y tomamos el desayuno y, al terminar, nos pusimos a platicar sobre lo de ayer, y qué podíamos hacer con Magalí. 

Después de debatirlo mucho, decidimos que buscaríamos a sus verdaderos padres, para que ella ya no esté más triste. Nuestra esperanza era encontrarlos, pero vivos. Y si aún así los encontrábamos muertos, al menos, los vería por un momento y les daría el último adiós. Pero, de nuevo tendríamos que solicitar apoyo de la policía nacional, dije. Es más. Otra vez tendré que vivir otro trauma para arriesgar mi vida. 

—Lore, interrumpió mi tío. —Los peligros se enfrentan en familia. ¡Si tú pudiste, nosotros también!

—De acuerdo, dije con un poco de miedo, pero empecé a pensar en la tristeza de Magalí, lo que me dio valor para iniciar la búsqueda junto a mis tíos.


Fuimos averiguando lugares, incluso una vecina nos dijo que ellos habían trabajado en una tienda de ropa llamada "Lo de Laura". Preguntamos dónde quedaba esa tienda de ropa y además preguntamos cómo se llamaba la mujer a la que buscábamos, ya que sabíamos sobre su esposo, pero ella hizo más que escaparse, y no dio ni la cara, ni su identidad.

—Dice llamarse Aitana. Pero no sabemos si en realidad es su verdadero nombre o está inventándose una trampa para lograr, de alguna u otra manera, escapar de la policía. Dijo la vecina, quien varias veces trató de denunciarlos por discutir con su hijo discapacitado hasta casi matarlo. Pero, ese trato de denunciarlo, no fue aplicado, ya que ella siempre les robaba el celular, no tenían teléfono fijo. 

Eran una familia de empresarios, el esposo fue heredero de una empresa de ingeniería fundada por el padre de este, lo cual le daba una buena fortuna. Y ella, fundadora de una empresa con especialidad en ropas y perfumes femeninos. Así que sus riquezas no les daban problemas para poder comprarse un celular por cada intento de denuncia, pero era más que eso. Su hijo tenía una discapacidad motriz. Ellos debían pagar a un asistente personal, la ida al colegio privado, idas a fisioterapia y los bienes de toda la familia. entre estos, ropa, alimentos, etc. Y en fin, les dio pena dejar el intento, pero no querían perderlo todo por denunciar a unos vecinos ladrones, drogadictos según ella, y además secuestradores y mentirosos.


Luego de saber sobre toda esta historia, nos pusimos a buscar la tienda "Lo de Laura" dónde  se ubicaba. 

La encontramos, pero al llegar, vimos un cartel que decía: "Cerrado hasta el 15 de octubre".


—Eh, ¿hasta el 15, 15, 15... de octubre? —Dije extrañada. —Recién hoy es 28 de setiembre, pero que la tienda esté cerrada hasta el 15 de octubre, esto es una tontería. Dijo mi tía.

—¡Lo es! ¡y encima que lleva 2 meses cerrada! Dijo Izzy, una amiga mía que venía pasando de imprevisto, metiendo ojo, oreja, nariz y boca en el asunto.

—¡Pero Izzy! —Dije asustada. —Me sorprende que andes por acá, loca. 

—Aj, sucede que... 

—Ne, —Le interrumpí antes que dijera algo. —no me vayas a decir que más niños desaparecidos...

—No, Lore. El caso es que... Laura es... dijo Izzy con algo de nervios. 

—¿Es? Preguntó mi tía.

—¡Es la directora del liceo! Gritó.

—Ah, ¿estás segura?

—Sí. Hace unos días asumió al cargo por renuncia de Silvia, la directora anterior.


Luego, con Isabel (o Izzy como le digo yo) acordamos para ver si podíamos hablar con ella el lunes en hora de recreo, interrogarla a ver si sabía algo sobre toda esta enredadera de cosas.


Y así fue. Dos días después de haber hablado con mis tíos para descansar y seguir el lunes, fuimos en el bus al liceo. 

Izzy estaba más concentrada en todo este asunto que en las clases. Y yo durante un buen rato tratando de ubicarla. 

Hasta que en un momento, la profesora de matemáticas descubrió todas las cosas, ya que de alguna forma, algunos de mis compañeros de curso, y sin que yo lo supiera, estuvieron involucrados en el asunto, a escondidas tratando de ayudar. Varios de ellos le contaron a la profesora lo sucedido. Ella le preguntó a Izzy. Le dijo que sabía lo de la tienda de Laura, cuya tienda estaba cerrada y que llevaba más de un mes así. Era uno de los hijos de la dueña de la tienda quien cambiaba los carteles, pero nunca se les ocurrió en vez de poner, "Cerrado hasta el 15 de octubre", poner: "Cerrado definitivamente por falta de recursos", o por cambio de trabajo... algo por el estilo.


Nos permitió que fuéramos a hablar con ella a la dirección durante el recreo a ver qué nos podría decir o aclarar.


Al llegar el momento exacto, fuimos y allí estaba ella. Vestida con uniforme, llevaba unos zapatos negros con tacos algo altos y una cara de bienvenida cuando nos recibió.


—¡Hola, chicas! ¿En qué las puedo ayudar?

—Directora, esto es un tema bastante serio y requerimos de su ayuda. —Dijo Isabel.


Yo pasé a contarles la historia, de la que mi compañera no sabía mucho, y luego, la directora nos contó la historia de cuando los secuestradores a los que buscamos, trabajaban en su local.


—Era un 10 de julio hará unos dos años. Se me presentó una pareja que buscaba trabajo, para ese entonces yo trabajaba en un local de venta de ropa y otros artículos. Sus nombres, Juan Pablo Martínez y Aitana Costa. Para ese entonces con una niña de 6 años llamada Magalí y su gemela, Aldana. Ambos aseguraban que ellas eran sus hijas, estaban pasando por una situación bastante fea en cuanto a lo económico. La mamá de Juan Pablo estaba muy enferma y quería hacer todo lo que fuera para poder ayudarla ya que su hermano, quien no hacía nada, era un drogadicto y siempre andaba metido en algunos (o varios) negocios extraños con gente rica.

Cuando los contraté, iba todo bien. Pero, luego de unos meses, comenzaron a suceder cosas extrañas.

Cierto día dijeron que iban a llevar a las niñas al trabajo ya que no tenían con quién dejarlas. Pero estando ellas, se armó el caos. 

Fue raro, ya que ambas decían "Extrañamos a mamá y a papá", siendo que ellos estaban ahí cerca, aunque estaban trabajando.

A la noche, cuando yo me disponía a limpiar el lugar para luego cerrar (y esto sucedía ya desde antes que llevaran a las niñas) me encontraba con cosas faltantes. Faltaban camisas, bolsas, abrigos, bufandas, varias cosas que habían ordenadas en una estantería.

Y lo que pasó luego fue que mi hija mayor, Josefina de 19 años para ese entonces, fue hasta su casa a entregarles un dinero, y allí nomás fue que descubrió que los objetos faltantes en mi tienda estaban en varios cajones desordenados en la casa.

Así que los despedí. Luego me enteré que Leila, mi vecina, sabía un montón de cosas sobre ellos que no sabíamos. Por ejemplo que las niñas en realidad no eran suyas, sino que en realidad habían sido secuestradas por ellos. 

Siempre habían deseado tener un hijo, pero por unos problemas de salud no se pudo. Según ellos fueron adoptadas. Pero mi vecina sabía toda la verdad, ¡ya que ella es hermana de su verdadera madre!


Nos quedamos atónitos al escuchar este testimonio, así que le pedimos a la directora que denuncie, pues entre más denuncias, la pareja pasaría más tiempo en prisión, y que Leila declare, que sea testigo.

Se hicieron las clases normales. A la hora de salida fuimos a la delegación para que la directora denuncie. En el camino, nos encontramos con otra agente de la policía nacional, quien nos saludó y nos dijo. Buenas tardes. Mi nombre es Carlota. Pero antes de que pudiese seguir hablando, vimos a unos metros una escena macabra. Unos hombres estaban al lado de Leila. Ellos la intentaban ahorcar.

Entonces uno de ellos volteó a mirarnos. En cuanto nos vio, le hizo una seña a otro compañero, a quien llamó "jefe", y acto seguido a los otros que lo acompañaban, que andaban de espectadores viendo a ver qué otra víctima se acercaba, a ver si como no podían solo con Leila, podrían entre todos con las demás.

Pero no. Dejaron de mirarnos y siguieron tratando. Siguieron tratando de ahorcarla, cuando de repente, la oficial que estaba con nosotros, la que aún no acababa de presentarse, levanta la mano. Y como por arte de magia, aparecen como 20 agentes más en el lugar.  Uno de ellos grita: 


—Policía, ¡al suelo!

Se oye un disparo. Mientras todo eso sucedía, nosotros alejamos a Leila para que no le suceda nada.


Más pronto que tarde, los agentes se llevan a los hombres.

Estando todo un poco más tranquilo, llegó el momento de declarar para Leila. 


—Yo conozco a esa familia desde hace ya varios años. El supuesto padre, antes de dedicarse a lo que hace ahora, trabajaba como repartidor de productos en una fábrica. 

Pero llegó un tiempo en que dicha fábrica se fundió... Ni dos años duró el empleo. Cierto día, lo escuché hablar con una amiga mía que a su vez era amiga de la mujer, y le dijo: "Mira, estaba trabajando de repartidor en una fábrica. Pero al año y 10 meses, la empresa se fundió y bueno, varios quedamos sin empleo. Lo que no entiendo es el porqué; siempre que ingreso a algún empleo, se funde. y entonces, he tomado una irreversible decisión. No trabajaré de más nada. Nos buscaremos una mejor forma de vivir sin trabajar. No importa, aunque sea robar... cualquier cosa que hagamos me da igual". Y sí, de ese modo empezaron los problemas. 

Cuentas sin pagarse, el alquiler de la casa, la comida... todo eso en fin. pero en un momento, la madre de Juan Pablo se enfermó de gravedad y fue él quien debía encargarse de su cuidado ya que, el hermano de este, andaba metido en otras vueltas. Con drogas, asesinato, robos, acoso y un montón de cosas que no voy a nombrar. 

La mujer, Aitana, no trabajaba. No había completado el siclo básico de secundaria y para ser así, se le complicaba la búsqueda de empleo. porque en varios, por no decir todos los oficios, es obligatorio tener completado al menos siclo básico. 

En una de sus búsquedas, tuvo suerte. Consiguió trabajar como secretaria en un local de ventas de ropa, cuya propiedad pertenecía a la directora del colegio número 25 de la ciudad. 

—¡Ahí estudio yo! —dije. 

—Exactamente, pero sigamos. La cosa fue que un día, ella no tenía  con quien dejar a las niñas y decidió llevarlas al trabajo. Fue mala idea, porque tenían 6 años en ese entonces y no tenían la suficiente paciencia que un chico de 15 años yendo con sus padres a su trabajo y buscando formas de matar el aburrimiento. A ellas hacer la misma actividad (jugar con las muñecas que se llevaban) les aburrían. y lo que pretendían hacer que realmente mataba el aburrimiento, era: Correr, saltar, gritar, desordenar todo el local. 

A la noche, momento en que cerraban y limpiaban, se encontraron con cosas faltantes en varios estantes, algunas bolsas, cajas, envases... Y sí, estaban en zonas bastante inseguras; zonas que hasta un niño lograba alcanzar y llevarse lo que encuentre. 


Luego de la declaración de Leila, la policía encontró otros antecedentes de esta pareja. 

En su historial no decía que el padre vendía productos en una fábrica, ni que los repartía. Era una trampa que les juró a su vecina y a otros de los suyos para no caer. Él formaba parte de la organización criminal que integraba su hermano. Era el lugarteniente.


Esta organización criminal, no solo se dedicaba al narcotráfico, sino también al secuestro de menores de edad(niños y adolescentes). La policía fue a allanar el colegio como parte de las investigaciones y encontraron escritos ocultos, en los que los secuestradores amenazaban a los padres con pagar el rescate de sus hijos. Varios habitantes de la ciudad no pudieron aguantarlo por más tiempo, y fueron a denunciar a esta organización, pues la mayoría de las familias había perdido a un hijo por secuestro.

Unos días después, cuando ya era sábado, mi madre, como siempre, me encargó que no le abra la puerta a nadie. Mi tío estaba durmiendo en su habitación. Ella se fue al mercado con mi tía, y yo me quedé con mi tío dormilón y con Magalí. Estábamos tranquilos, cuando desde a fuera se escucha una voz de mujer. 

—Abran la puerta, ¡o la rompo! 

No sabía qué hacer, pero me dije a mí misma. Esto lo hago por Magalí, ¡por mi familia! ¡Me arriesgaré! así que corrí a abrir la puerta. 


—¡Ajá! ¿así que tu y leila fueron las chismosas que le contaron todo lo de nosotros a Carlota? Me quedé pensando en lo que me dijo la mujer. Pero, ¿Qué tiene que ver la agente que nos ayudó en el caso? me dije. 

—No, le respondí a la mujer con miedo. 

—¡No te hagas! me dijo ella. Ahora, si no quieres morir, me vas a tener que pagar el 50% de lo que tu familia gana. 


Pero mientras estaba haciendo ese trato con migo, escuché un disparo. 


¡Pum! 

Ambas nos asustamos. Es ahí cuando vi a la oficial que nos había ayudado esa tarde. La mujer que hablaba antes con migo se acercó a ella. 

—Si crees que eres valiente, enfréntate con migo a plomazos. 


Aquella mujer, ¡era aitana! Sin embargo, la reconocí tarde. 

De inmediato, ambas llevaron su discusión fuera de mi casa. Yo me quedé asustada, pero luego agarré valor, cerré la puerta de la casa y subí a ver cómo estaban mi tío y Magalí, pues ella al escuchar a aquella mujer tratando de entrar se subió con mi tío. Me quedé pensando en lo que había pasado. 

Será mejor no decirle nada de esto a mi madre, ni a mi tío, pensé. En la tarde, se escucha la siguiente noticia en los medios de comunicación de la ciudad. Agente femenina de la policía deja varios heridos en pleno operativo. La oficial cuyo nombre reservaremos por seguridad intervino no solo a la mujer que andaban buscando(según sus declaraciones), sino también a los que quedaban por capturar de la organización criminal a la que investigan por los secuestros de los adolescentes y narcotráfico. Cuando pasaron las imágenes, me quedé estupefacta. ¡Quien había salido en las noticias era la mismísima oficial que nos había ayudado en aquella ocasión!

      Al día siguiente, nos llamaron a declarar. Quien también nos acompañó fue aquella valerosa oficial, quien frente al juez dijo. Quiero declarar sobre el caso. El juez le da el permiso. Ella justificó que lo que había echo aquella tarde fue en defensa propia. Luego de permanecer allí por horas, el juez declaró su inocencia.


 

lunes, 27 de diciembre de 2021

Una historia para contar: La ciudad del caos, capítulo 11

La ciudad del caos

Capítulo 11


Se nos ocurrió buscar con otro método: _Consistía en buscar en lugares prohibidos de entrar para los niños. lugares donde podría haber peligro y tal, puesto que... los niños en esas edades suelen ser muy traviesos y... ya sabes dónde te podrías encontrar alguno de ellos...

Sonaba aterrador para dos madres preocupadas pensar en lo que podría haber pasado, pero valía la pena hacer al menos un intento. Así que nos organizamos para ir al día siguiente a alguno de esos lugares prohibidos para niños que tenían cerca de su casa.


Vimos una pista en una de las calles. Era una zona de mucha delincuencia, en un barrio muy inseguro y donde casi nadie podía vivir en paz; bueno, si se pudiera, serían pocos vecinos los que lo logren. 

Allí vimos una plaza, supermercados y casas. Casas, casas y más cas... Pero esperen, vimos cuatro casas abandonadas. Esto indica que deberíamos ponernos a buscar en cualquier sitio que encontremos adecuado para hacerlo; Ya sé, en el supermercado.

—¿Estás segura? —me preguntó la mamá de la niña.

—Sí que lo estoy. Vine a estos lados con una amiga de mi tía hace un año. Bueno, no vinimos exactamente acá, pero pasamos cerca. Cuando fuimos a pasar la tarde en un campo.

—Ah bien, confío en ti, busquemos acá a ver si encontramos al menos alguna pista o a al menos uno de los chicos perdidos allí.


Ya estando en el mercado, les dije: 

—¡A buscar! ¡No debemos perder la esperanza! 


Mientras caminábamos, en una zona nos encontramos con una TV de buen modelo, buena marca y alta calidad (HD) 


—¡Mira ese TV! —le dije a la madre del niño. 

Pero justo escuchamos lo siguiente. 

-¡Atención! Presos fugaron hace unos días del penal número 1 de la ciudad de Entrada (más conocida como "La ciudad del Caos") La policía está tratando de dar con ellos. Un hombre y una mujer, de 40 y 39 años respectivamente. Quienes conozcan a estos sujetos, por favor comunicarse al *(número reservado) para más info. La mujer es delgada, alta  y cabello rubio, tiene 39 años y fue encarcelada recientemente por robo en varios domicilios. 

El hombre tiene 40 años, alto y gordo. También encarcelado por robo.

Ambos aseguran tener una hija de unos 8 o 9 años. 


—¿Qué... Es esto? —Pregunté algo extrañada.


Pensamos que alguien nos estaba haciendo una broma, pero entonces vi a una mujer alta, delgada y parecía tener unos 30 o por ahí. Estaba en una zona ya bastante alejada de donde habíamos encontrado el smart TV hacía un rato. 

La mujer andaba con dos niños bastante pequeños. No bebés, pero sí pequeños. 


—¿Vieron, chicas? —Pregunté.

—¿Esa mujer que está por allá? —Preguntó Carina, la madre del niño.

—Sí, así es. Está junto a dos niños pequeños y una cajera. —Dije yo.

—Esa mujer debe tener a los niños que buscamos. Vamos a ver. si no damos con ellos en este preciso momento, seré yo quien se encargue de esta situación. Llamaré a la policía y denunciaré a todo el personal de este supermercado sin importar si luego sea yo quien tenga que sufrir las consecuencias. Lo hago por bien de los niños, por bien de la familia. —dijo Carina algo enfadada. 

—No, Carina. No lo hagas. Te lo digo por tu bien y por el bien de toda la familia y los trabajadores de este lugar. A varios de ellos los conozco desde que fuimos a la universidad, y allá cada cierto tiempo me junto con alguno que otro de ellos. —Dijo Daniela, la madre de la niña.

—No, no. De ninguna manera, ya que, primero que todo: ¿Cómo podemos asegurar que esa mujer es una criminal sin saber antes su procedencia, de dónde llegó, quiénes son esos niños? Ustedes podrían estar hablando de la mujer que describieron en el informativo, ¿Pero cómo podemos saber si es ella? Hay muchas mujeres con las características descritas anteriormente, así que. Puede ser que no sea. con esto me refiero a que la información dada en ese informe fue muy ambigua, poco coherente y carente de sentido. No se sabe su ubicación actual, ni el nombre de su supuesta "hija de 8 o 9 años", ni si los niños... Bueno, en fin, les estoy dando mucho en qué pensar. Así que vamos, ¡A seguir buscando! —Les dije. 


Mientras buscábamos, encontramos un grupo de personas sentadas en una escalera, me parece que eran trabajadores de por allí. Uno de ellos nos saludó y nos dijo:

—¿Y ustedes, qué hacen por aquí en estos momentos? 

—Nada, estamos queriendo encontrar a dos niños perdidos. Llevan unos días, y tememos que algo les haya pasado. —Dije yo.

—Hace unas horas, vimos a dos niños y una mujer, con ropa bastante sucia, vestidos de una forma tan desagradable que, sin dudarlo, les dimos algo gratis para que coman y beban. —Dijo el segundo de los trabajadores.


Luego nos pusimos a conversar un rato, sobre cómo travesuras de niños pequeños pueden llegar a cosas... Algunas buenas, otras no tan buenas y otras malas. Y mientras tanto, pensábamos en que, si no lográbamos resolver este caso llamaremos a la policía y ellos se encargarían de ayudar. 

Pero justo cuando dije "policía", nos sentimos engañadas, ya que uno de estos trabajadores sacó un arma y mientras apuntó hacia nosotras, dijo lo siguiente:



—¡Al suelo, malditas desgraciadas! ¡Vamos, mier**! Si ustedes llaman a la policía, juro que las voy a matar. Así que... ¡No intenten denunciar a nadie!


De pronto, un guardia de seguridad entró a donde estábamos, le quitó el arma al muchacho y le dijo: 

—¿Qué hace usted acá? Usted no es un trabajador de este lugar. Y esta zona es para que los trabajadores vengan a descansar en algún momento. Pero usted... y encima armado, no tiene nada que ver. Y otra cosa: ¿Qué tiene en contra de estas dos señoritas? Quítese esa máscara, le doy una orden y a mí si doy órdenes, se tienen que respetar. ¿Entendido?


Entonces, el hombre obedeció la orden del guardia y se quitó la máscara que llevaba puesta. Y en fin, esa cara me pareció conocida. Al menos de verla, al menos de ver alguna foto o directamente a la persona en cuestión. 

O tal vez a un gemelo suyo, quién sabe la realidad. 


—Ajá. Con que usted es el hombre al que se anda buscando e investigando, Juan Pablo Martínez. Usted fue quien pasaba por varias casas robando comida y ropa, fingiendo vivir en la calle con una niña de 8 o 9 años llamada... Magalí, pero ese caso no es el que realmente importa. Dijo el guardia mientras maniataba al señor para llevárselo a los policías investigadores.


—Chicas, este caso es demasiado raro... No sé qué decir. En fin, sigamos buscando, que al menos con esta pista sé que lograremos hallar algo. —Dijo Daniela algo sorprendida. 


Yo estaba a punto de decir algo, hasta que veo a un grupo de cuatro personas. Dos mayores (uno vestido con uniforme policial) y dos niños bastante pequeños. 


—Buenas, soy el oficial Marcos Suárez, oficial de policía suplente. Creo que conocen a Mauricio. Se acaba de ir unos días a ver a su hermano a la capital ya que este  está muy enfermo. Y estos días más que nunca, tiene que estar la familia para apoyarlo en lo que se pueda.


—Y, ¿tienen alguna pista del caso para guiarnos? justo enfrente estaba el guardia con el ya desenmascarado secuestrador. 

El bijilante, al ver a los oficiales, les dice. 

—Encontramos algo aun mejor. Este es uno de los que andan buscando. Fingía ser uno de los trabajadores del personal de este centro comercial.


 Los oficiales, de inmediato, lo arrestan y le dicen. 

—¡Quedas detenido por evasión a la justicia en la modalidad de fuga de presos, secuestro de menores de edad, tenencia ilegal de armas y presunta delincuencia organizada y sicariato! 


Mientras se lo llevaban él gritaba: 

¡Malditas, desgraciadas, , traidoras, no saben con quien se meten, las van a pagar, las van a pagar. suéltenme malditos.

Hasta que ya no se le escuchó más. Justo en ese momento, aparecen más oficiales en el lugar y nos dicen. Gracias por ayudarnos a capturar a uno de ellos. Aún falta la mujer, pero tenemos que prepararnos para lo que se viene. 

—Vimos a la mujer pero no sola, sino con personas a su lado, y en cima la vimos en frente de una casa supuestamente abandonada. —dicen mientras se acercan a mí. 

—¡Captúrenlas! dije con coraje. 

—Justo eso es lo que vamos a hacer, pero ustedes estén listas para recibir a los niños. 


Nos dirigimos con los oficiales hasta la casa, y justo enfrente, vi a la mujer de la que tanto hablaban, pero tal como la describió el oficial que hablaba con nosotras, la vimos con más personas. VI también a lo lejos a los niños secuestrados. Los vi por la pequeña abertura que habían dejado al abrir la ventana. Mientras esperábamos, una de las personas se acerca a mi y me dice: 

—¿alguien aquí se llama Lorena? 

—YO, contesté. 


De pronto la persona me empezó a apuntar con el arma y me dice, te vas a morir, ¡te vas a morir! pero justo a lo lejos se escucha, policía nacional, están rodeados, ¡al suelo! ¡al suelo! ¡al piso! y se dan disparos al rededor. 

Nos sentimos asustadas, no sabíamos hacia dónde correr, mientras aún se escuchaba, tira el arma, tira el arma! pun pun pun y más disparos. Uno de los sicarios corría y decía, a mí no me agarran, pero un oficial lo siguió por de tras, suelta el arma, suelta el arma! y más y más disparos se desataban. 


Entre la tremenda balacera que se armó, nos abrimos paso para entrar a la casa, y vimos a los niños secuestrados atados. Entre ellos, estaba Magalí, mi hermana. 

—¡Lorena! —dijo al vernos.

—¡Magalí! —le dije algo sorprendida. ¿cómo llegaste hasta acá? Hoy a la mañana vi que estabas en casa.

—Lo que pasa es que iba a buscar algo a la casa de una compañera, cuando de pronto vi a un muchacho que me preguntó si quería un caramelo. Le dije que sí y me lo dio. Muy rico, tenía sabor menta. Pero lo peor, lo peor es que me fui quedando sin energías y caí al suelo como dormida. No sé cuánto habrá durado el efecto de esa sustancia que me dejó dormida, pero lo que sé es que recuerdo cuando la probé y... y lo siguiente, no me acuerdo de nada. Ni siquiera recuerdo cómo llegué acá...


Mientras conversábamos, se escucha la voz de un hombre que se acerca. 

—Están a salvo. Yo no lo pude reconocer al principio. No me parecía haberlo visto, pero apenas pude reconocer que llevaba puesto un uniforme de policía. 

—Soy el oficial Marcos Gómez. —Me dijo. —Soy un agente de la policía pero en otra ciudad. Sin embargo, cuando nos llegó la noticia de los que habían fugado, decidimos venir a ayudar a colegas de esta zona a buscarlos. 


—¡De nosotros nadie se nos escapa! —se escucha la voz de una mujer a lo lejos. 

—Traidora, desgraciada!. 

Pero el oficial que hablaba con migo grita: Claudio,  ¡agárrala, agárrala! y se fueron, chocando con tarros y cajas que la gente dejó tirados en medio del camino. 

Luego se oyeron gritos de mujeres, las máquinas dejaron de funcionar, las alarmas se empezaron a activar y se declaró la emergencia con una alerta, "Asesinos en acción".


De pronto, a lo lejos, más y más disparos se oyeron y se escuchaba. ¡Esta si que las pagan! pero con varios agentes custodiando, nos alejamos y nos fuimos a nuestra casa, para estar a salvo. 

Al llegar, encontramos un papelito escrito, el cual decía: "Mira, Lorenita. tenemos secuestrada a tu hermanita. ¿jamás le digas nada o sino tu, ella y toa tu bandita de locas van pa la tumba!"


Al leerlo me quedé pensando por un momento. A lo mejor esta fue una de las advertencias de los secuestradores. 

—Lo siento hermana, dije. Tengo que confesarte algo...


Pero justo cuando estábamos a punto de confesarle, se oyen golpes de puerta. Cuando abro, llega mi tío. 

—¡Lore! ¿Pero por qué te arriesgaste?

—Larga historia, tío. Mañana, si es que puedo, te la cuento.


A la noche, dormimos como siempre. Tratando de al menos olvidarnos de todo el trauma agotador de hoy.

 

viernes, 19 de noviembre de 2021

Algo diferente. Poema, El Cielo De Estrellas. Escrito por mi.

El Cielo De Estrellas

Yuliana Peralta


    En el cielo brillará el sol con todo su esplendor, y no faltará un amor que te ilumine el corazón. 

Un amor que desata cadenas, que provoca alegría y no penas. 

Que derrite hielo, que te eleva al cielo, donde hay solo calor y no frío. 

Una mano que levanta de la arena a aquel soldado caído, con un corazón lleno de gozo y no vacío. 

Que la basura se junte sola y que el mar la arrastre con sus olas, que limpie la orilla de la playa, que se hunda lo malo en la arena de ella. 

En el cielo brillarán las estrellas, las luces más bellas, 

llegarán los rayos al tocar la tierra, y verás que tan soldado caído estás en la guerra.

Sonará una campana indicando una bella mañana, y el comienzo de un día lleno de alegría.

Aparecerá un bombón con un noble corazón, que con toda su luz provocará una explosión.

Esa explosión, te hará sentir emoción. Escucharás una linda melodía, una dulce canción.

Verás que a tu lado volarán mariposas. Una sensación que en verdad es hermosa. 

Y desde ese comienzo, surgirá ese momento, y a todo lo que se pudrió, que se lo arrastre el viento.

Vendrán tiempos mejores, de buenos amores. ¡Y verás que en el cielo de estrellas hay ricos sabores! 

jueves, 7 de octubre de 2021

Una historia para contar. La ciudad del caos, Capítulo 10

La ciudad del caos
Capítulo 10

Una mañana lluviosa de martes, con las gotas que caían una a una, como si fueran soldados apareciendo en fila por una calle de la ciudad, como si algo o alguien les llamara la atención y todos quisieran ir a verlo.
Magalí, como siempre, sentada pensando si iba a estudiar o no. La lluvia era torrencial, así que ni yo iba a pensar. Estaba totalmente segura de que no iría. Los profesores en esos días no pasaban lista. Y los de mi clase eran tan bobos, que llegaban y se sentaban a esperar que se abriera la puerta. No les gustaba dejar de esperar. se quedaban allí de diez a quince minutos esperando, como si fuera una paz interior lo que les decía: "Esperen tranquilos, ya  pronto les abrirán la puerta". Y llegaba a tal punto de que se hacían veinte, treinta, cuarenta minutos más, eternos como un mes aburrido.

—¿Lore? —preguntó de repente. —Mira, tengo algo para mostrarte.
—Es... ¿la espátula que estaba en la mesita de luz?... ya la vi. pero... ¿qué haces mostrándome eso?
—Es que... Estás... no sé, anoche, mientras dormías, escuché que hablabas algo raro.
—¿Algo raro? —le pregunté con algo de nervios. 
—Sí, eso. Decías cosas como... ¿Dónde está? La estoy buscando, la necesito. Luego te bajaste de la cama, te pusiste a dar vueltas, hasta que tropezaste con la mesita y la agarraste. Pegaste un gritito nomás y te acostaste en el piso. Tu tío te vio, se levantó y te tomó en sus brazos volviéndote a acostar en la cama  tapándote. Así fue la historia de "La chica sonámbula que nunca lo fue". La loca que dejó sorprendido al tío por un simple gritito que, si te soy sincera, sonó desgarrador. como si alguien te estuviera torturando o matando.
—Esto no me gusta nada... —le dije. 

El corazón me latía a mil. No me gustó el haber escuchado esa historia. y creo que si no me hubieran salvado, hasta ahora, por el simple hecho de un simple grito, creo que me habría dado un susto al estilo infarto.

Me vestí y salí del cuarto. Necesitaba despejarme, así que me preparé una taza de café y un pan tostado. 
Pero las cosas se pusieron más locas de lo que esperaba. Magalí se había acostado a dormir otro rato ya que la lluvia continuaba, pero ahora con granizos. Mis tíos aún no se habían levantado, estaban acostados viendo el informativo de la mañana.
Entonces, escucho ruidos en el cuarto. Primero el mueble, como si estuvieran buscando algo. Luego un grito. ¿Qué estaba pasando? Ahora era yo quien estaba asustada.
Fui a ver qué era lo que estaba pasando. 
Estaba en el  cuarto de mis tíos, ambos estaban abrazados, como si les hubiera asustado algo o alguien. 

—¿Es... la misma historia? —preguntó mi tía. 
—Sí, pero parece que esta vez se trata de Magalí. Algo raro les está pasando a las chicas. Podrá ser algo relacionado por el estrés que pasaron hace unos días con lo de las pruebas... o no sé. Es raro.
—No creo, amor. —dijo mi tía. —Seguro es que Magalí se quedó mirando historias de terror hasta tarde... Ah, no. Porque de ser así, a las dos les hubiera pasado al mismo tiempo. 

Pero las cosas se pusieron aún más raras cuando, en determinado momento, golpearon la puerta. Así que fui a abrir.

—¡Hola! Me llamo Lorena, mucho gusto. 
—Hola, me llamo Mauricio. soy el jefe de policía local. Vengo por estos lados porque junto a varios grupos de policías del país estamos entrevistando a familias por un caso muy... "¿extraño?" que ha estado ocurriendo en los últimos días. 
—OK. ¿Me espera un momento? Iré a buscar a mi tía o mi tío para avisarles de esto.
—Está bien, espero. Por cierto, me gusta cuando en algunas casas hay menores que atienden con tanta amabilidad a quien llega. Es algo tan hermoso...

Llamé a mi tía  y juntas salimos hacia donde él estaba. Los dejé hablar y fui a mi cuarto a revisar unas cosas. 
¿Cosas? Si solo era revisar mi teléfono y ver si hay una notificación importante. 

Revisé unos mensajes del grupo de la clase, que se vé que algunos fueron a pesar de ser un día de lluvia. Y luego respondí algunos mensajes de una de mis tías que vive en otra ciudad.
Entre otras cosas, me encontré una noticia. "Niños desaparecidos desde esta madrugada, uno de cinco años y otra niña  de tres". 
Esto estuvo bastante raro, ya que nunca se desaparecen, duermen toda la noche sin complicaciones. 

Fui a comentarles todo esto a mi tía y al policía (llevando, claro está, el teléfono en mano con la página abierta) y él me dijo: 
—Hmmm, mira nomás. Justo era el tema del que estamos hablando. Es algo raro, algo jamás visto.
—Así es —respondió mi tía. —Lo más raro es que fue en un barrio donde todo está bien controlado, casi no hay delincuencia y, además, el último robo o asesinato que hubo por allí antes de que se empezara a controlar todo y a poner cámaras de seguridad fue hace menos de 3 años. 

Sí, la mayoría de los barrios de esta ciudad son bastante movidos y siempre o casi siempre anda algún que otro chico con un arma con la intención de robarle a alguien y acabar con su vida. Pero ese barrio, llamado por quienes viven por allí como "Villa Tranquilidad" por la extraña paz que hay por allí desde hace poco, es el lugar soñado por muchos. Casas grandes y espaciosas, una plaza para ir y disfrutar en familia, el shoping y un colegio de primaria y secundaria, dos por uno.

Mauricio nos invitó a acompañarlo a investigar sobre todo este tema. 

Al llegar al barrio indicado y encontrar la casa donde se dice que ocurrieron los hechos, vimos a dos mujeres bastante preocupadas. Una era la madre de la niña y la otra era amiga de la primera. Habían pasado la noche juntos luego de que hicieran un paseo casi familiar y que la niña quisiera alejarse de ellos para ir a correr con otros niños. Pero como es demasiado pequeña... ya ni modo.

Les preguntamos cosas sobre los niños. El niño se llama Lucas y la niña Milena.
Ellos nunca se alejan tanto de casa. a donde van bastante seguido ellos solos, es a la casa de su abuela, que está en frente de la que viven. Como por allí no pasan muchos vehículos, no hay peligro. Aunque Lucas, con 5 años, sabe respetar el tener cuidado la calle y tal. 

Luego que nos contó todo eso de la calle, nos preocupamos. Todas las veces que vemos niños pequeños cruzando la calle, siempre van acompañados de algún mayor. Sus padres, si tienen hermanos mayores, tíos, etcétera. pero este caso es muy particular, algo que solo las familias raras suelen hacer. 

Comenzamos a buscarlos. En su cuarto no estaban, y mucho menos en el patio techado donde solían jugar los días de lluvia.
Le preguntamos a la abuela, quien tampoco los vio. Se asegura que como desaparecieron en horas de la madrugada, tipo 3 o 4, todos estarían durmiendo y nadie vio nada. 

domingo, 29 de agosto de 2021

Una historia para contar. La ciudad del caos, Capítulo 9

Era un fin de semana como cualquiera, sábado por la mañana. Había hecho ya todas mis tareas como cualquier estudiante responsable y estudioso. 

Salí a buscar unas cosas para el almuerzo y pasé por  la casa de mi amiga Rocío. 
No me lo esperaba: pila de cosas tiradas en el suelo de la entrada como si un perro hubiera pasado por allí, destrozando toda la basura a su paso. Pero no se trataba de un perro, sino de tres niños chicos que andaban jugando solos en la calle, así que me acerqué y les hablé. 

—¡Hola! Me llamo Lorena. Ustedes... ¿de dónde aparecieron? ¿Quienes son? 
—Soy Kevin. Tengo nueve años. Y ellas son mis hermanas Sofía y Melanie. Sofía tiene siete años y Melanie cinco. Un gusto. 
—¡Oh! Muy bien educado y amable como para tener nueve años. Parece que tuvieras... trece o catorce. Yo estoy por cumplir catorce —les dije. 
—Ah, qué bien. Bueno, nosotros vamos a volver a casa ahora. Sigue pasando una linda mañana, Lorena. —me dijo, mientras señalaba a las niñas para que guarden sus cosas antes de irse.

Al entrar a la casa, encontré a Pamela, la mamá de }Rocío. Estaba sentada en el sofá leyendo un periódico. 

—¡Hola! Disculpa la molestia, pero vine a dejar el... ta... 
—Ah, sí. Lo olvidaba. el tazón que me habías pedido hace una semana, aunque nunca entendí para qué lo necesitabas. —me dijo.
—Era para un proyecto.
—¿Un proyecto?
—Sí, una especie de experimento con tazones. Mi tía no podía prestarme uno de los suyos porque dice que... ha estado muy ocupada en una actividad que también se necesitaban varios de esos. Y ella cada día llevaba más. Un día dos, otro día tres, otro día cuatro... hasta que pasó la semana. Y para mí, era importante realizar el proyecto. 
—Qué serán esas actividades raras en las que se mete tu tía. Estará inventándose algo llamado... "La Tarrería", seguramente. 
—¿Tarrería? ¿Y eso?
—Hmm... Cosas de tazas, tazones... tarros en fin. 

Esa manera de decirlo de Pamela, me sonaba algo infantil, así que dejamos ese asunto de los tazones. Le pregunté sobre Rocío. Estaba en su cuarto, así que la fui a saludar. 

—La panda morada —dijo, sin mirarme ni señalarme. 
—¿Qué? —le pregunté. 
—Nada, estoy viendo algo de mi hermana. Sucede que... 
—Espera. ¿no vas a hablarme de la tarrería ni nada de eso, no? —era evidente que no lo iba a entender.
—¿what? Oh... no sé de qué va eso de la "Tarrería, pero no es nada de eso. Solo lee esto y dime. 
—La... panda morada —dije. 
—Sí, de eso se trata. Es que mi hermana está intentando hacer una especie de cuento con eso. Es para un concurso. La idea es que los cuentos lleven la palabra morado o morada en él. Aunque es algo estúpido y de gente tonta (a ella misma se lo dije) pero quiso participar en ese concurso, de todos modos. 
—ja, ja, ja. Gente raruna —le dije. 
—El otro día me hablabas de... Álvaro, o algo así era su nombre; y yo me iimaginaba crear una historia de amor llamada... Lore Lightwood y los cuarenta amores. Incluido él. 
—¿Lightwood? ¡Pero qué es eso! No estás inventando cosas... o estás obsesionada con ese libro de los Shadowhunters que te di el otro día, que ya me cambias hasta el apellido. Y los 40 amores, otra tontería, muy relacionada con... una historia de mi abuelo.
—Es que... yo... ¡Lore A... Al... bueno, no lo recuerdo ya. Ja, ja, ja. 
—Alvarado, supongo. Aunque... ni es A, ni empieza con A.  
—Bueno. Lore Hernández, supongo. 
—Al fin. Al fin lo recordaste. Bueno, espero que tengas un lindo día, debo ir a llevar unas cosas a casa. ¡Te quiero!

Salí de aquella casa, aturdida. Primero con lo de los tazones, el artilugio favorito de la señora. y ahora... un concurso de cuentos medio estúpido y una chica obsesionada con un libro. Tanto, que ya hasta le cambia el apellido a su mejor amiga. 

—Tía, he... regresado. Disculpa tanta demora. 
—Nada, amor. Recién me acabo de duchar. Creo que estaba durmiendo cuando te fuiste. y tu tío... no se despierta ni con el sonido de un rayo parece. Así que tranqui.
—Ah, bueno. Pero... tengo unas novedades medias raras para contarte.
—¿Novedades medias raras?
—Sí, así es. 

Le conté toda la historia. Lo de los niños, el papel a medio terminar del  cuento de la hermana de Rocío, lo de los tazones... 

—No. Mi amor, esas son cosas muy raras. A esos niños nunca los vi. y... ¿Qué clase de tazones decías? 

Me pareció que mi tía estaba perdiendo la memoria o algo por el estilo. Ni siquiera recordaba haberme dado un libro para regalarle a Rocío por su cumpleaños. aquel libro con el que quedó obsesionada e intentó cambiarme el apellido.

Llamé a un médico que era amigo suyo. Le conté todo eso y que ella ya no era capaz de recordar cosas como esas. 

—Buenas. Mira, Lore querida. Vas a tener que traerla cuando puedan, ya que esto es un tema algo serio. Tu tía se pudo haber caído, golpeado fuerte mientras se duchaba... 

Pero ella dijo que no se había caído ni nada por el estilo. O tal vez quiso ocultar lo de la caída para no dejar mal a nadie. Así que le dije unas cosas al doctor, corté la llamada y me fui a ayudar con unas cosas.

Cuando estaba lista la comida, recibí un mensaje. Era de Álvaro, el chico con el que estaba saliendo. 

"Hola, Lore: Siento lo de tu tía. me lo acaba de contar Magalí, me la encontré en una esquina. Iba a buscar unas cosas a la casa de mi primo y me la encontré, cerca de la tienda de ropa. 
Me contó que tu tía se dio un golpe en la ducha y está perdiendo la memoria. Espero que de las heridas se recupere, aunque dudo que vuelva a recuperar los recuerdos en algún momento. 
Saludos y corazoncitos."

De pronto, me desperté. Estaba en mi cama. Miré la hora en el reloj que tenía en una mesita, las 10 y 25 de la mañana. 
Preparé el desayuno y saludé a mis tíos y a Magalí. Cuando el desayuno estaba listo, serví una taza de café para cada uno de nosotros y unas tres tostadas para cada uno.
Luego les conté sobre el sueño raro que tuve. Magalí dijo: 
—No, vos no regalaste ese libro, si lo estás diciendo así. Parece que la que está obsesionada con ese libro sos vos. tanto, que soñás cosas raras... 

Nos echamos todos a reír. No sabía que un libro causaría tantas cosas raras. Desde pensar que se lo regalaste a una compañera a quien le encantó, hasta creer que ella te intentó cambiar el apellido más de una vez. 

Y lo de los tazones... nada mejor que un baldazo de agua fría a quien inventó eso. 


Historia loca, la ciudad del caos

Este capítulo está dedicado a personas locas, entre las cuales me incluyo.

sábado, 28 de agosto de 2021

Una historia para contar. La ciudad del caos, Capítulo 8

Preparé mis cosas y me dispuse a estudiar un poco para la prueba que tendríamos la semana siguiente. Esperaba tener una buena calificación, y así, poder obtener un mejor rendimiento en la materia de Biología. pero era casi un reto, ya que desde que llegué a enterarme que mi compañera Rocío estaba pasando mal momento en el liceo, las cosas iban de mal en peor para mí. Me preocupaba tanto, que llegué a bajar un poco, pero solo era un poco. Esa noche, no logré dormir casi. Me puse a pensar en alguna cosa para decirle a la directora del liceo. Aunque ya se notaba que cada cosa que le dijeras a ella, te lo tomaría como mentira y te daría un mes entero sin clase. Así que debía haber argumentos válidos para todo lo que estaba pasando. Porque... ¿Cómo las cosass podían ser así? Desde que la profesora de Historia nos había dicho cosas relacionadas a que la chica parecía un bebé y que la mandaran a una escuela especial, o que no debía estar en clases con nosotros... Eso, sinceramente me artó bastante, a tal punto de que ya varias veces me he quedado dormida en medio de la clase. —¿Lorena Martínez?— preguntó con algo de enojo. —No sé lo que haces... ¿Durmiendo en medio de la clase? ¡Mejor te vas del salón, ahora mismo! — Y así repetidas veces. De pronto, apareció mi tía en el cuarto. Al fin con quien desahogarme. Le conté la situación por la que estoy pasando yo luego de tantos problemas con mi compañera de clases y los profesores, porque sinceramente me dolía la cabeza. Tanto ocultárselo a mi tía durante su buen de tiempo y ahora sí que era necesario que lo sepa. Las materias en las que bajé rendimiento y las en las que me he quedado dormida, noches sin dormir tranquilamente en las que me despertaba a las 3 de la mañana y no me podía volver a conciliar el sueño... En fin, cosas. —Tranqui, linda. Sé que te sentís frustrada. La cosa es cómo explicarle las cosas a la directora. Dejame contarte. Junto con la profesora de Historia, el de Matemáticas, la de Literatura y el mismísimo de Filosofía... Con ellos he tenido problemas. El caso es que antes de vivir en la casa donde vivimos ahora, incluso antes de traerte con nosotros, vivíamos en una zona en la que cualquier vecino armaba rumores sobre otros vecinos más. Por ejemplo, se contaba que la profesora de Historia era una niñera que no era niñera, sino que maltrataba niños. Todas las personas que la contrataron fueron cómplices, nadie decía nada sobre sus malas acciones. ni la policía local llegó a enterarse en su momento todas esas cosas. —¿aah sí? ¿Cómo terminó todo ese asunto? —le pregunté. —Es que mira. Una de esas veces, en un encuentro por peleas más que otra cosa, la profesora reveló qué era lo que hacía en realidad. Solía vender ropa en una feria cercana en su tiempo libre. Durante el resto de días, los días de semana, trabajaba como profesora en un instituto. La verdad es que... son cosas que, si bien a veces nos enteramos una cosa, luego termina siendo otra que no tiene nada que ver. Lo digo porque en un momento, llegó su marido a contarnos que lo que ella hacía en realidad, era robar ropa y a veces se encontraba algún que otro niño en la calle y lo maltrataba. Aunque no lo creas, cuando él nos dijo eso, había algo en su voz que nos hizo sospechar. No comprender si lo que él decía y afirmaba era cierto, o era una de esas tales mentiras que armó para un discurso en el que asustar era la conclusión a la que quería llegar. Luego de escuchar la historia de mi tía, me puse a pensar si esto tenía algo que ver con todo este escándalo de los 4 profesores y la "Chica que parece un bebé". Pero nada de esto tenía relación alguna con toda esta revuelta de cosas. Me dormí como a las dos de la mañana. Estaba agotada, pero desde más temprano que no lograba dormir. Así que, creo que la charla con mi tía, después de todo, me ayudó a quitarme algunas dudas que tenía sobre toda esta gente rara. A la mañana siguiente, me desperté y desperté a Magalí, que debía ir a estudiar igual. A pesar de haber dormido poco, me sentía como restaurada. Me preparé un café y seguí repasando algunos de mis apuntes para el escrito que llegaba. Mientras tanto, no dejaba de pensar en mi compañera. Al llegar al liceo esa tarde, me sentí como si me faltara algo. Vi a todos mirándome con unas caras feas, de vergüenza, como si en aquel momento... o incluso antes había hecho algo malo. —¿Qué ha pasado? ¿Qué se meten conmigo? ¿A caso soy una estrella de rock a la que admiran y de un momento a otro empiezan a odiar? —todos se me quedaron mirando, pero al cabo de unos segundos, se echaron a reír. —¡Mirate, tarada! —decían unas compañeras mientras largaban carcajadas estruendosas. —¿Y ahora qué, Antonella? ¿Otra vez querés verme la pinta de taradúpida que tengo, vos y la Manzanita? —Manzanita era el apodo de otra de mis compañeras. Ella y Antonella eran buenas amigas entre sí, pero eran dos chicas bastante raras. —¿Y bueno, algo es algo, no? Nada era algo en ese momento. Quería agarrar mis cosas y salir corriendo, haciendo trancadillas e impidiendo el paso por unos segundos a todo aquel que pase por mi lado y me empiece a mirar de 10000 maneras, como si algo fuera en mi contra y todos lo hicieran igual. Por fin, llegó el momento esperado para ir a hablar con la directora sobre todos estos asuntos raros por los que estaba pasando. Llegué, me senté y esperé a que ella termine de anotar algunas cosas, hasta que por fin me dio la palabra. "Bueno, señora directora. Empezaré diciéndole que muchas gracias por aceptar que yo haya venido a hablar sobre todo este asunto de Rocío y las clases. Bueno, déjeme que le explique, ya que me he enterado que no sabe nada al respecto. Bien, el caso es que..." Y así seguí, contándole la historia con detalles exactos sobre todo lo que ha estado pasando en el liceo desde inicios de año. —Bien, Lorena. A ti sí que te creo. Cada una de tus compañeras me fue contando versiones distintas de los hechos, pues mirá. La secretaria me contó todas esas cosas que vos me contaste recién y me dijo que si quería saber si lo que ella decía era cierto, que les preguntara a algunos de los alumnos de tu grupo. Y así lo hice, pero todos me contaban versiones muy distintas sobre los hechos, pero nadie mencionó a Rocío, en ningún momento. Todos hablaban de sus casos personales. Incluso, una compañera llegó a decir que esa tal Rocío en realidad no quería hacer nada en clases. Que por más que la obligaran, ella negaba todo, cosa que he hablado con su madre y me dijo que ninguna de esas historias es cierta. Me contó unas cosas más y luego me felicitó por haber hecho tan bien mi trabajo, el de contar la verdad, y nada más que la verdad. Luego, en plena salida directo a casa, me encontré a un grupo. Eran cuatro chicos y tres chicas, todos vestidos con el uniforme. Las chicas me miraron, pero los chicos solo se limitaron a lanzar un par de insultos en voz baja, sin mirarme. Me sentía espantada. quién sabe lo que este grupo quería de mí. —¡eh! —gritó uno de los chicos. —¿qué os pasa? —Marcos, ya dejá de hacerte el españolito y vení para acá. Esto es un tema serio. —dijo una de las chicas, a la que Marcos siguió. Luego todos salieron corriendo y yo aproveché para irme también. Pero a mitad de camino, una chica me encontró. Era Antonella, la chica que dos horas antes, junto con su compañera Elena, más conocida en el grupo como "Manzanita", se rieron mío y me trataron de estúpida, anda a saber por qué. —Lorena... vengo a pedirte disculpas. Sucede que hace un rato, antes de irnos, estuve hablando con tu amiga Rocío. no parece mala persona, a decir verdad. Es bastante simpática y... entendible. Cómo que todos en el grupo dicen que habla como bebé; pues no parece. Y está feliz de saber que por lo menos alguien la entiende e intentó lo que pudo para ayudarla. Primero que nada. Sé que estuviste hablando con la directora hace un rato, y lo supe desde antes que lo hicieras. Clarisa, la secretaria, me dijo que tú la estabas ayudando. Que varios compañeros (Elena y yo no estamos entre ellos) contaron historias trágicas que nada que ver con la situación de Rocío. Con Elena nos reímos bastante al enterarnos de que llegaba tu turno porque, si bien la directora no les creyó, tendría tal vez algún motivo para no creerte a vos. Era evidente. Así que cuando nos enteramos que la directora te felicitó, nos dimos cuenta del error que cometimos. Sinceramente fue un grave error burlarnos de la delegada. Así que por favor... ¿nos disculpas? —Claro —respondí yo. Estaba segura de que semejante cosa no volvería a pasar... 

Una historia para contar. La ciudad del caos, Capítulo 7

Buenas a todos. En esta oportunidad les traigo el capítulo 7 de mi historia, llamada La ciudad del caos. Espero lo disfruten Una nueva compañera había ingresado a mi grupo de clase. Se llama Rocío. Es una buena compañera, siempre intentando ayudar a los demás con lo que se pueda. Pero ella,    a diferencia de los demás, tiene algo que la hace única y especial. A pesar de tener problemas de motricidad a causa de una parálisis cerebral, siempre tiene unas ganas de vivir la vida sin más ni menos complicaciones. Rocío siempre anda con una sonrisa, sus ganas de ayudar con las tareas y sus canciones divertidas y locas en el recreo. Este año en el liceo en el que estudio, los directores dejaron de lado la exclusión, y decidieron dedicarse a la inclusión de personas con discapacidad en la institución. Personas ciegas y con baja visión, personas autistas que requieran estudiar en un colegio normal, y de los que tengan alguna complicación con la movilidad también son incluidas acá. Tal es el caso de Rocío, una chica de 14 años, que tiene lo que ya mencioné anteriormente. Cuando Juan y Melany, unos buenos amigos que tenía por allá, me hablaron de ella, pensaba. ¿Cómo haremos con ella entonces? ¿Qué será de ella con las tareas y cómo hará las cosas? Ya que siempre pensé que la parálisis podría afectarle en la memoria y se olvidaría de todo lo aprendido en el colegio. Pero ellos me lo explicaron todo. Resulta que nuestra compañera tiene solamente problemas de motricidad. No quiere decir que solo por tener esto le vaya a afectar en la memoria y eso. solamente que sus movimientos con las manos a veces se descontrolan un poco, y en fin... tocará saber más de ella en cuanto comiencen las clases. Pocos días después, comenzaron las clases. Todos vestidos con el uniforme nos presentamos en la institución escolar. Profesores, la dirección, trabajadores sociales, padres, ETC. listos para lo que sería la presentación y entrega de lo que sería la cartelera con los horarios. Yo entré a mi salón junto con el que se supone era mi grupo y unos profesores más. Entre tandas van, tandas vienen, ja ja ja, ji ji ji, y otros, ahí vi entrar a la chica que mis amigos me habían hablado. Allí estaba ella. Pelo largo, rubio y ojos azules, que parecía tener unos 14 años. Ella, sentada en una silla de ruedas, entró junto a su mamá al salón. Todos, menos yo, se pusieron a mirarla esperando algo de ella. Al entrar y decir "Buen día", nos dimos cuenta. Una chica se acercó y le habló en tono de como si le estuviera hablando a un bebé. le dijo cosas dulces como... "¿tas contenta que viniste a acá?" otros se acercaron con caramelitos y moneditas para regalarle una cada uno. Pero yo fui la única que tomó coraje y se acercó, se le presentó y dijo a los demás que de esa manera que hacían ellos, no se debe en una institución ya para adolescentes. —Pero Lore, lo que pasa es que ella es como una bebé. -dijo uno de los chicos mirándola fijamente. —¿Cuál es el lado de bebé que le ven a esta dama? yo la veo como una chica normal, con todo el derecho a venir a estudiar y luego dedicarse a lo que le guste. —Bueno, Lorenita. Lo que pasa es que ella... ella.... —Ella nada. -dijo una profesora. -ella es Rocío, tiene 14 años y viene a estudiar a este grupo, y ta. Nada más que eso. -continuó diciendo. Entonces, se me acerca en su silla, que se ve que tenía cómo manejarla ella. —¿Vos sos Lorena, no? —Sí, encantada. ¿vos sos Rocío, o Aitana, como sea. —¿Aitana? -me preguntó. —Aah, es que como andabas cantando una canción de Aitana hace un rato... -nos reímos las dos. Su manera de hablar era lenta, algo pausada, pero entendible al menos para mí. Mientras que otros compañeros aseguraban que hablaron con ella y no se le entendía nada de lo que decía. Luego de unos días, empezaron los problemas, los cuales iré contando en estos 3 capítulos siguientes, para no hacer tan larga la historia. Una vez, la profesora de historia pidió un trabajo en forma oral para evaluar qué tal presentábamos en esa modalidad. El tema era que Rocío, o "Rocío Aitana" como le decía yo de broma en los recreos, se sentía algo preocupada. Resulta que la tarea la teníamos que hacer en grupos, pero el grupo era en la casa. Todos ya tenían asignado su grupo (ya que la profesora decidió asignar ella misma) pero la pobre Rocío estaba fuera de todo. La profesora no la dejaba participar en las clases. Cada que levantaba su mano para pedir la palabra y decir algo, la ignoraba y daba el pase al siguiente que levantó la mano. Cuando ella se ofrecía para leer uno de esos libros que la profe mandaba, de igual forma la muy descarada la ignoraba, y así sucesivamente. Cada que había que hacer una actividad grupal, la chica quedaba fuera de todo. La profe mandaba descaradamente a que la llevaran a una sala de juegos infantiles que quedaba "a la vuelta de la esquina", pero los empleados ignoraban la petición. y así, nuestra colega iba bajando el rendimiento en la materia. En las demás materias, por ejemplo matemáticas, todo iba normalmente con ella. El profesor de matemáticas sabía la relación tan estrecha que llevábamos, que siempre nos juntaba para los trabajos en equipo en la clase. Sigamos con el caso: La profesora de historia había dado un plazo desde el 15 de mayo hasta el 25 de ese mismo mes para realizar la tarea domiciliaria grupal, pero Rocío estaba más excluida que como si fuera perro junto al tarro de basura. En una de esas, le pedí la dirección de su casa para poder ir a hablar con su mamá y contarle toda la situación, pues ya me sentía bastante preocupada. Al llegar a la casa, se dio la siguiente conversación: —¡Buenas! Yo soy Lorena, seguro tu hija te habló de mí alguna vez. —Encantada, Lorena. Me llamo Pamela, soy la mamá de Rocío. Ella me dijo montón de cosas buenas tuyo, que le gusta cuando te preocupas por ella e intentas ayudarla. Por cierto, ¿conoces a Bianca Flores? —Sí, Bianca es amiga de mi tía, Soledad Hernández. —Bueno, yo soy hermana de Bianca. Sé que nunca les habló de mí, pero es pura casualidad que te he visto con Bianca y tu familia pasar cerca de acá, mi casa. Luego de una buena charla y de contarle la situación a Pamela, quedamos en encontrarnos el jueves en el colegio para hablar, yo como testigo, con la directora sobre esta situación.

domingo, 7 de febrero de 2021

Una historia para contar. La ciudad del caos Capítulo 6

¡Buenas! En esta ocasión, les traigo el capítulo 6 de "La ciudad del caos". Espero lo disfruten La ciudad del caos Capítulo 6 Una mañana de sábado, temprano por cierto, me levanto a ver si encuentro algo para hacer mientras los demás van a un evento del liceo, la despedida de año de Magalí. Como yo ya la tuve unos días antes, no debía de qué preocuparme. Luego de darle de comer al gato y prepararme un café, me pongo a revisar mi correo electrónico en el cual tengo algunas cosas que estamos haciendo en colaboración con mi tía y una profesora. Se trata de un proyecto sobre tecnología y el desarrollo de una aplicación para computadoras y teléfonos, en la cual daríamos a conocer algunas de las cosas que vendemos en nuestra tienda. Algo como una especie de red social para negocios. Al ver que no había nada de tareas para realizar, me pongo a ordenar la casa, comenzando por mi cuarto. —Ya son las 10 y media. seguro están por llegar. -Me dije. De pronto, escucho un golpe en la puerta. Me pregunto si abrir o no, ya que quien siempre abría la puerta sin saber nada en cuestión, era Magalí. Pero hace unos días, mi tío le dijo que no debía abrirle la puerta a desconocidos, a menos que sean ellos, quienes siempre llaman del otro lado, por la ventana para avisar que ya llegaron. Esta vez, los golpes eran de una manera apresurada. No habían gritos ni nada por el estilo. Pero luego de que estuve un buen rato sin abrir, se fue. Lo sé porque cesaron los golpes. 10 y 54 de la mañana. Hasta que por fin llegan a casa. —¡Hola, mi sobrina hermosa! -Me dijo mi tía. —¡Tía! No sabes lo que me pasó. Estaba haciendo unas cosas mientras los esperaba. De pronto, escucho golpes. parecían ser en modo desesperado, como si alguien quisiera entrar a hacer algo a la casa. Pero no habían ni gritos, nadie llamaba a ver si abría. solo golpeaban. —¿Y no intentaste, o no te atreviste, a mirar por la ventana a ver quién era? —No, tía. Nunca pensé en ver por la ventana, pero para la próxima que suceda, lo tendré en cuenta. Luego de contarle la historia de lo sucedido, me dice: —Linda. Resulta que hace unos días, se mudó una familia más a la zona, y al parecer viven en frente de casa. Sara, la madre de familia, dice que sus hijos tienen hábitos bastante raros en comparación a los demás. El mayor, pasa una gran parte de la tarde con una escalera, subido a un árbol, quién sabe qué haciendo. El del medio va durante las noches y se acerca a ese árbol con una especie de linterna que encontró por ahí... haciendo... em... él dice que buscando algo, pero quién sabe. Los dos más chiquitos, se pasan dentro de su cuarto, mirando por la ventana, y durante las mañanas, uno de ellos sale de la casa, golpea puertas, pero nadie le abre por temor a que pase algo. Supuestamente sea uno de los chiquitos el que te está molestando. Luego de escuchar la historia, me voy a mi cuarto a pensar un poco. Pienso en qué es lo que debería hacer y qué es lo que estoy haciendo mal. Al otro día, mis tíos y Magalí salieron a hacer unos mandados y yo me quedé de nuevo sola en casa. De pronto, siendo las 11 y 20, escucho de nuevo golpes en la puerta y me decido a aplicar lo que me dijo mi tía el día anterior. mirar por la ventana a ver con qué me encuentro. Es una muchacha rubia y con ojos verdes, que lleva un papel en la mano. Como la ventana no tiene rejas, me lo entrega sin decir ni una sola palabra. Le digo "hola", pero resulta que no me responde. Le digo hola más fuerte, reacciona asustada, pero no me responde de ninguna manera. "Tal vez no habla este idioma". digo apenada. Así que la dejo de mirar mientras llevo ese papel en la mano. Al observarlo, me doy cuenta que en un lado, tiene un dibujo de unas flores algo raras, podría decirse. Al lado, se ve un paisaje bastante completo, lleno de árboles, plantas, animales y, junto a todo esto, una casa. Luego, del otro lado de la hoja, está la otra cara de la moneda. Se ven unos símbolos medio raros, cosa que no parece haber nada escrito en español. Así que algo extrañada, dejo el papel sobre la mesa de la sala. Cuando regresaron, le mostré a mi tía el papel, mientras le contaba sobre la muchacha que no respondía a mi saludo. —Mi amor, ahí sí que la tenemos complicada. Este papel está escrito con símbolos bastante raros y... ese idioma no parece ser español. —Pero, tía. ¿Sabes de alguien que sepa bastante (o al menos algo) sobre todo esto? —No, querida. La verdad es que no sé de nadie que pueda traducir esto, pero vamos a tratar de investigar juntos, toda la familia. Me puse a pensar un rato, porque la señora que me visitó esa mañana no era sorda, ya que ni me estaba mirando cuando le intenté hablar. Pero lo que sé, es que sí reaccionó al sonido de mi voz. Al otro día, estando mi tía y yo en casa, ya que Magalí y el tío salieron, escuchamos golpes en la puerta. Ella abrió y, para mi sorpresa, se pusieron a hablar las dos. Le dijo que era muda y que usaba el lenguaje de señas, pero no era sorda. Luego, le comentó el significado del papel, que si bien no me equivoco, le dijo que estaba escrito en francés. La nota traducida, decía: "Esta casa fue ocupada por una familia hace unos 10 años. Los dueños anteriores quisieron venderla ya que se habían comprado una mansión, producto de la riqueza que había obtenido el padre de la mujer dueña de la casa, la cual tomó como herencia cuando él falleció. Estas plantas, son el símbolo de todo el cariño que estos dueños tuvieron para con la naturaleza. y estas flores, me hacen recordar que el amor verdadero estuvo, está y siempre estará en buestros corazones". Lloramos al leer esa nota. Yo me preguntaba, ¿cómo fue que esta señora trajo este papel a nuestra casa? Pero resulta que había enviado varias de ellas a montón de vecinos, todas traducidas. Con nosotros, se equivocó, ya que no había visto bien cuál era la traducida y cuál era la original. Cuando mi tío y Magalí regresaron, les mostramos la nota, ya que ahora sí la teníamos traducida. —Lore, yo ya había visto esta casa. -me dijo Magalí. —¿Cuándo? -le pregunté. —La semana pasada, mientras iba a tomar un helado. Pero hoy de casualidad, mientras iba al mercado con tu tío, pasé por allí cerca, y te traje esto: Era una semillita bastante rara, sí. Pero luego recordé aquella flor que vi en el dibujo. Me dije que sí, y la planté en el patio de la casa. A los pocos meses, encontramos unas cuántas flores, todas iguales a la del dibujo de aquella hoja de papel, que no eran nada más ni nada menos, que una muestra de cariño hacia la naturaleza.

sábado, 6 de febrero de 2021

Una historia para contar. La ciudad del caos Capítulo 5

Aquí tienen el capítulo 5, para enamorarse un rato. Saludos La ciudad del caos Capítulo 5 Era una tarde bastante calurosa. El sol brillaba tanto que hasta los techos se calentaban. Sí, era verano. Mis tíos habían salido, así que Magalí y yo nos quedamos en la casa cuidando que no se atreva a entrar un ladrón o cualquier persona desconocida. Eso sí, Bianca iría a pasar la tarde a casa. así que si llegaba antes de que los tíos lleguen, debíamos avisar. Así fue que nos quedamos un largo rato esperando a que llegaran, hasta que al fin llegan. —¡Mis amores! Llegué. ¿Cómo pasaron? -Dijo mi tía. —¡Tía! Acá estamos, más acaloradas que hombres recién llegando de un... ¿emm? no dije nada, pero acá estamos, con calor. -Dije yo. —Me alegro que estén bien, mis preciosas. Ya vengo, voy a preparar algo rico mientras esperamos a tu tío que salió a hacer unos mandados él solo. Tenemos tiempo, Bianca viene a las 6 de la tarde. Ya vengo. Así fue que cuando mi tía se fue a preparar la comida, nos pusimos a mirar la televisión mientras hablábamos sobre que esa misma semana, yo empezaba a tomar clases de natación, y que en el grupo que iba a estar, habrían algunos quienes fueron mis compañeros de clase durante el año escolar. A la tarde, llegó Bianca junto con su marido, su hijo y un amigo del hijo. —¡Hola, chicos! Pasen, acá estamos preparando algo para acompañar el mate. Las chicas están adentro. -Dijo mi tía, sin darse cuenta de que yo pasaba por su lado. Saludé a Bianca y los demás, y luego me puse a ordenar el cuarto. Cuando de pronto, mi celular suena. Es una llamada de Gabriel, uno de mis compañeros de clase durante el año escolar. Habíamos perdido contacto desde que él dejó segundo año de ciclo básico. De ahí ya no supe nada más, hasta que recibo esa llamada sorpresa. —¿Hola? -digo. —¡Hola! -responde del otro lado. —Lore, desde que dejé de estudiar en segundo año por cuestiones de salud de mi mamá, hemos perdido todo el contacto. Pero resulta que Dahiana me pasó tu número ayer, y hoy decidí escribirte ya que ando desocupado. Dahiana era una compañera de clase que siempre estaba al tanto de que si pasaban cosas en el salón y siempre que alguien faltaba un día a la clase y al otro día iba, ella estaba ahí para realimentar a dicho compañero de si habían pruebas o se entregaba el voletín de calificaciones. Y junto conmigo, éramos buenas compañeras de grupo, tal que muchos nos llamaban "Las chicas más unidas del colegio. Gabriel me contó que su mamá había tenido algunos problemas de salud el año que él dejó el colegio. Y como se sentía depprimido y debía quedarse a ayudarla con sus cosas, tomó la decisión de dejar los estudios. No quería hablar con nadie, ni salir a ningún lado. Solamente estar con su mamá y sus hermanas, acompañándolas y ayudándolas en lo que se pudiera. y este año, ella está mejor que nunca, está como nueva. Nos quedamos hablando un buen rato sobre un montón de cosas, hasta que sale el tema que no esperábamos hablar. El de las clases de natación. Me dijo que él también se anotó. vio la lista y resulta que íbamos a estar en el mismo grupo. Lloré de la emoción. Luego escucho la puerta. Le recordé que la clase empezaba el día siguiente. luego le dije que debía cortar la llamada porque me buscaban. Colgué y abrí la puerta. Era mi tía que me dijo que ya estaban listas las tortas. Así que fui. Al llegar a donde estaban todos, nos pusimos a hablar de unos planes que mi tía tenía pensados. Desde que está con todos los trámites y eso sobre la adopción de Magalí las cosas se le están yendo fuera de lugar. Y para colmo, casi ni tiempo tiene para dedicarle a sus actividades favoritas, que son tocar el piano y leer libros sobre la ciencia. Luego de un buen rato de charlas, me fui a bañar mientras el tío preparaba la cena, una pizza. Salí del baño asustada creyendo que alguien me estaba observando. Y mientras me vestía, estuve con esa sensación rara durante un buen rato. —Tía, desde que salí del baño ando con una sensación bastante rara. como si alguien me estuviera observando, o como si algo estuviera por pasar. Siento ambas, pero a la que más la siento, es a la segunda. —Tranquila, mi amor. Son cosas que suelen pasar. Recuerdo que una vez me pasó lo mismo. pero cuando me di cuenta, se fue. Cuando por fin estaba más calmada y termino de comer, me voy a acostar, ya que al otro día temprano tenía que estar lista para la clase. Al día siguiente, cuando llegué al club donde se realiza dicha actividad, me encuentro a 3 caras bastante conocidas. Gabriel, Juan Pablo y Martina. Los 2 últimos, que son vecinos del barrio. Los 3 me miran fijamente, como si fueran a adivinar mi reacción. Entonces, como no me molesté con esas miradas, fui y los abracé. Primero a Martina, luego a Juan Pablo y por último, a Gabriel. El mismo chico con el que estaba hablando por teléfono el día anterior. Me abrazó como por unos 10 segundos más y luego... luego, fuimos ambos de la mano a donde estaban haciendo la presentación. Cuando terminamos la clase, corrieron rumores de que Gabriel y yo estábamos enamorados. Lo peor es que los rumores también les llegaron a mis tíos. Tal fue el escándalo que se armó, que decidí llamarlo durante la tarde para contarle la situación. —Lore, sabes bien lo mucho que te quiero, has estado conmigo siempre, tanto en las buenas como en las malas y aún peores. Incluso desde que perdimos contacto has estado en mi corazón. Gracias por haber sido y seguir siendo esa personita especial que siempre está, esa persona que demuestra su cariño hacia los demás y ayuda comprensivamente a quienes más necesitan. No te lo he dicho en la clase, pero sí, todos esos rumores que salieron a la luz son ciertos. Se lo dije a Martina y a Juan Pablo. Pero como entre todos nosotros nos conocemos, me dijeron que si no quería decírtelo en la clase, podía durante una llamada como la que estamos teniendo, o, simplemente, hacerte una invitación a un lugar especial y contarte todo allí. Pero como no se me ocurrió adónde ir, elegí la primera. Ahora, te pregunto. ¿Te gustaría ser mi novia? tantos momentos que hemos pasado juntos, me hizo dar este giro de 90 grados y, aunque antes no quería preguntarte durante todo ese tiempo por miedo a que lo rechaces, te lo quise preguntar ahora. Lloré de emoción con todas esas palabras, y sin más, le dije que sí mientras las lágrimas se me corrían por todo el rostro. A la tarde, me invitó a la heladería más cercana al barrio. mi tía me dijo que iría a hacer unos mandados con Magalí y el tío. Así que me preparé y me fui. Al llegar, pido un helado de chocolate, crema americana y dulce de leche, mientras que él se pide uno de tramontana y frutilla ya que no le gusta el triple sabor. Cuando terminamos, me pide que vayamos afuera porque me tenía una sorpresa, y así fue. Allí estaban: Bianca, mis tíos, mi abuela que hacía más de un año que no sabía de ella, Juan Pablo y martina. Junto con otros compañeros de la secundaria que no mencionaré por ser bastantes. Nos fuimos todos en la camioneta del papá de Juan Pablo hasta un club donde celebramos algo emocionante. Y es que Gabriel y yo, pasamos de ser amigos, a ser los novios más unidos de aquel lugar. Y cada vez que nos juntamos, recordamos aquel momento en el que empezamos, nuestra historia de "Amor en verano".